La izquierda se desmarca de Sarah Santaolalla: ¿víctima o agitadora?
Sarah Santaolalla, conocida activista y tertuliana afín al PSOE, ha generado un intenso debate sobre los límites del victimismo político. Su reciente episodio con el agitador Vito Quiles ha dividido a la izquierda: mientras algunos defienden su derecho a no ser acosada, otros la acusan de montar un numerito para criminalizar a sus oponentes. El caso expone una contradicción incómoda para el relato oficial.
El incidente: ¿agresión real o teatro?
Según la versión de Santaolalla, Quiles la acosó en la vía pública, intentando una entrevista no deseada. Ella denunció haber sido agredida, acudió al hospital y se colocó un cabestrillo. Sin embargo, las imágenes del momento no muestran contacto físico, lo que ha llevado a muchos a tildar la escena de montaje. Un sector del arco político sostiene que toda persona tiene derecho a no ser hostigada, independientemente de su ideología. Pero la mayoría, incluso dentro de la izquierda, considera que Santaolalla no es una periodista neutral, sino una activista pagada con fondos públicos que utiliza su posición para atacar a la derecha.
El silencio incómodo de la izquierda
Lo revelador del debate es la ausencia de defensa desde su propio campo. Mientras la derecha vitorea a Quiles como un héroe de la contrainformación, los afines al PSOE guardan silencio o critican a Santaolalla por su “victimismo de manual”. Algunos argumentan que el acoso político debe condenarse siempre, pero que ella se ha convertido en un blanco fácil por su falta de credibilidad. Otros señalan que la izquierda ha perdido altura moral al no denunciar el acoso a los suyos con la misma intensidad que cuando viene de la derecha.
El debate deja una pregunta abierta: si ni siquiera los suyos la defienden, ¿qué dice eso de la veracidad de su denuncia? La polarización política ha llegado a tal punto que la verdad se ha vuelto secundaria: cada bando elige su mártir, aunque este sea de cartón piedra.
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