Por qué el agua de la fuente pública sale a 60 grados
En plena ola de calor, alguien abre un grifo en una fuente pública de Valencia y el primer medio litro de agua le quema la mano. El termómetro marca 35 grados, pero el líquido supera los 60. No es un fallo aislado: la física de la acumulación de calor en las tuberías de metal, enterradas a poca profundidad, explica el fenómeno.
Acumulación de calor en tuberías de metal
El metal absorbe la radiación solar con facilidad y la conduce directamente al agua. Al estar bajo tierra, el suelo actúa como aislante e impide que el calor se disipe. Como la tubería está cerca de la superficie, recibe el sol durante horas. La consecuencia: el agua estancada en la tubería puede alcanzar temperaturas sorprendentes.
La inercia térmica del agua
El agua tiene un calor específico muy alto: tarda mucho en calentarse, pero también en enfriarse. Una vez que ha absorbido suficiente calor, lo mantiene durante horas incluso después de que la tubería se haya enfriado. Por eso, aunque el sol se haya puesto hace un rato, el primer chorro sigue saliendo caliente. Algunos imaginan aprovechar este calor para cocinar, pero no es suficiente: para hervir pasta se necesitan más de 90 grados, y estos picos térmicos se quedan en los 60.
El dato que desconcierta: incluso de noche, el agua de la fuente puede mantener esa temperatura. La tubería ya está fría, pero el agua conserva su energía. La próxima vez que abras un grifo en pleno verano, ten cuidado: la física, no el gnomo del soplete, es la responsable.