La polémica de las educadoras sociales: ¿voluntarias o asalariadas?
En un centro de atención a inmigrantes de la costa mediterránea, una educadora social cobra su nómina cada mes. Hasta ahí, nada raro. Lo raro es lo que se dice de ella y de sus compañeras en los rincones de Internet donde la política migratoria se discute con más pasión que datos. La acusación es gruesa: que llevan años sin ser voluntarias, que cobran, y que su verdadera función nada tiene que ver con lo que ponen en los informes.
El debate sube de tono cuando se mezcla con la vieja cantilena de que los inmigrantes hacen los trabajos que los españoles no quieren. De ahí a sospechar que las trabajadoras de la Cruz Roja y los centros de acogida están en algo turbio, hay un paso. Algunas voces van más allá y hablan de una red clientelar de mujeres empoderadas que viven de la solidaridad. «Pornografía moral», lo llaman. Otros se limitan a señalar que el voluntariado puro hace tiempo que dejó de ser el modelo.
En el fondo, el asunto es económico. La financiación de estas entidades es un cóctel opaco de fondos públicos, donaciones y contratos. De ahí que cualquier rumor sobre malversación o sobre «paguillas» tenga caldo de cultivo. Una de las afirmaciones más repetidas sostiene que se les paga a algunas mujeres para mantener calmada a la población migrante y evitar conflictos. La fuente, según quien lo cuenta, tiene una fiabilidad del «80%». O sea, ni eso.
El desvío político es inevitable. Una corriente de análisis apunta a que las órdenes vienen de arriba, de una Unión Europea en la que PP y PSOE compartirían intereses. Otra intenta desdramatizar: el problema no sería el presidente del Gobierno, sino el propio diseño del sistema. Mientras tanto, nadie ha presentado una prueba concreta. Ni un contrato manipulado, ni una grabación, ni una denuncia formal. Solo rumores y tuits.
Y así seguirá la cosa. Con acusaciones que se repiten hasta la saciedad y una realidad que no se verifica. Mientras, las educadoras sociales hacen su trabajo, seguramente mal pagado y peor entendido. Pero eso no vende. Ni da clics. Ni alimenta el relato de la gran conspiración.