La guerra contra la Tuta absoluta se gana antes de que la plaga despierte
¿Tiene sentido el control biológico contra la Tuta absoluta o es una promesa cara? Desde que la polilla sudamericana aterrizó en el Mediterráneo en 2006, ha convertido el tomate de huerto en un lujo. Un horticultor de zona costera lo resumió con amargura: las trampas de feromonas amanecían llenas de adultos y, aun así, no cosechó un solo tomate sin larva dentro. Dejó de plantarlos.
Lo que funciona: el parasitoide que ataca los huevos
El Trichogramma achaeae, comercializado como Trichocontrol, parasita los huevos de la plaga. La clave, según la experiencia acumulada, es soltarlo con los primeros vuelos de adultos y repetir las sueltas. Esperar a ver las galerías en el fruto es firmar la sentencia: cuando aprieta el calor, ya no hay nada que hacer. El Bacillus thuringiensis, a 1 gramo por litro cada 7-15 días, liquida las orugas en 24 horas y no exige plazo de seguridad. Un kilo cuesta unos 30 euros y, con dosis de 15 gramos por mochila, alcanza para toda la temporada. El aceite de neem, más caro, entorpece a los adultos, y la tierra de diatomeas, barata, se carga también a otros insectos sin distinguir.
Lo que no funciona: feromonas, tabaco y azufre
Las trampas de feromonas capturan adultos, pero no evitan la puesta. El tabaco y la albahaca, sin efecto apreciable. El azufre, magnífico contra hongos, no toca a la polilla. Y ojo con los sulfatos: nada de aplicarlos por encima de 30 grados, en floración o cerca del neem. Los que lo intentaron todo recomiendan retirar las partes afectadas y quemarlas, jamás compostarlas.
El control biológico existe y funciona, pero exige disciplina militar y actuar por adelantado. Para el horticultor impaciente, la alternativa más sensata sigue siendo un calcetín lleno de azufre. Otra temporada más, la polilla se ríe de quien confió en la primavera.