Hombre
@Mr.Foster, defender el argumento posteando un enlace de FDA.gov no le da mucha credibilidad. Los 2 argumentos de la FDA:
* 1. "
esta relacionado".
Saben aquello de "correlacion no implica causalidad"? (causalidad fue la tesis principal y el objetivo terapeutico de la investigacion durante 20 anyos)
* 2. Se han creado 2 anticuerpos que
reducen el amiloide....
y para que valen si el amiloide es una consecuencia mas? Luego para remate dice
enlenceter modestamente el deterioro.
Si realmente no fue un embeleco, el argumento esta
defendido con poca solidez por la FDA en ese texto. Estan reconociendo el caso tal y como fue: 20 anyos investigando un objetivo erroneo y produciendo un resultado sin utilidad clinica relevante.
Bueno, puesto que ha decidido usted cebarse con mi respuesta, hagamos entonces el análisis con algo más de precisión.
Empiezo concediéndole lo que corresponde: el enlace de la FDA que utilicé
fue una mala elección para sostener el argumento.
Y además el trabajo de Lesné de 2006 sobre Αβ*56, cuestionado en 2022, acabó siendo formalmente retirado por Nature en 2024 por manipulación de imágenes y falta de datos originales verificables.
Perfecto. Punto para usted.
El problema es que, entusiasmado con esa pequeña victoria,
ha dado usted un salto lógico bastante más grande que el error que me reprocha pues deforma gravemente el relato que venimos sosteniendo desde el inicio del hilo, si fuera así este hilo debería cerrarse.
Eso, le anticipo, no ocurrirá,
pues es su enfoque el que está manifiestamente deformado.
Porque de que un determinado trabajo sobre Αβ*56 haya resultado fraudulento no se deduce que la hipótesis amiloide sea un embeleco, ni que veinte o treinta años de investigación hayan perseguido un objetivo sin valor, si esa era su pretensión puede abandonarla por inexacta.
Para empezar, la hipótesis amiloide fue formulada por Hardy y Higgins en 1992. Lesné publicó su trabajo en 2006.
Es decir: catorce años después.
De modo que difícilmente puede haberse sostenido durante décadas una hipótesis nacida de un artículo que todavía no existía.
Pero hay algo todavía más llamativo en su comentario.
Me recuerda usted, con cierta suficiencia, que «correlación no implica causalidad».
Correctísimo.
El problema es que lecanemab y donanemab no son estudios de correlación.
Son ensayos clínicos aleatorizados y controlados.
Aquí no se observa simplemente que el amiloide y el Alzheimer aparezcan juntos. Se interviene deliberadamente sobre el amiloide, se lo reduce de manera espectacular y luego se compara la evolución clínica con un grupo placebo.
Con lecanemab, la carga amiloide disminuyó aproximadamente 59 centiloides y el deterioro clínico fue alrededor de un 27 % menor a los 18 meses.
Con donanemab ocurrió nuevamente lo mismo: enorme reducción del amiloide y una disminución significativa de la pogre clínica, aproximadamente del 22 al 35 % según la población estudiada.
De manera que su pregunta:
«¿Y para qué sirven si el amiloide es una consecuencia más?»
tiene un pequeño inconveniente.
Que precisamente no sabemos que el amiloide sea simplemente una consecuencia más.
Eso es lo que usted saca de la chistera y pretende dar algo por demostrado sin demostrarlo. Solo por el lujo de su opinión... Lo lamento, pero a mí no me convence.
Y resulta curioso invocar solemnemente que «correlación no implica causalidad» para, dos líneas después, convertir en certeza causal justamente aquello que sigue siendo objeto de investigación.
¿Los anticuerpos anti-amiloide curan el Alzheimer?
No.
¿El efecto clínico es espectacular?
Tampoco.
¿Puede discutirse si un 25–30 % de enlentecimiento justifica los riesgos, el coste y los ARIA?
Por supuesto. Y ésa es una discusión científica perfectamente legítima.
¿Demuestran esos resultados que el amiloide sea la única causa del Alzheimer?
En absoluto.
Pero tampoco permiten despacharlo alegremente como «una consecuencia sin valor». Ese es otro exceso de su imaginación.
Y falta todavía la genética, que resulta bastante incómoda para la posición que ha adoptado.
Las mutaciones causantes de Alzheimer familiar en APP, PSEN1 y PSEN2 afectan directamente al metabolismo del beta-amiloide.
Algunas poseen una peine extraordinariamente elevada. Y existe incluso una variante protectora de APP que disminuye la producción de Αβ y reduce notablemente el riesgo de Alzheimer.
Todo eso existía independientemente del trabajo fraudulento de Lesné.
Así que podemos quedarnos con una conclusión bastante sencilla.
Yo cometí un error al elegir una fuente poco apropiada para defender mi argumento y lo acepto sin ningún problema.
Pero usted ha cometido otro error y no podría afirmar que ha sido inocente: ha tomado el descrédito de un trabajo concreto y
lo ha convertido en el certificado de defunción de toda una línea de investigación; después ha declarado que el amiloide es «una consecuencia» como si esa cuestión estuviera científicamente resuelta.
No,
eso se le ha ocurrido a usted, porque no lo está.
Probablemente el gran error histórico haya sido imaginar el Alzheimer como una cadena demasiado simple:
Del amiloide vamos al tau y de allí concluimos en la gloria neuronal.
Hoy sabemos que intervienen además tau, neuroinflamación, microglía, alteraciones vasculares, genética, metabolismo y envejecimiento, y que sus relaciones son mucho más complejas.
Pero una teoría que resulta incompleta no se convierte automáticamente en embeleco.
Y un tratamiento que enlentece modestamente una enfermedad devastadora no es […].
Y ahora, ¿podemos continuar con respeto?