El reencuentro a las 7 de la mañana: ¿saludar o pasar de largo?
Son las siete de la mañana. En una cafetería apenas abierta, un hombre de mediana edad está sentado solo, con la taza vacía y la mirada perdida. Otro hombre, que lo reconoce como un amigo de la infancia al que no ve desde los diez años, se pregunta si debe saludarlo o pasar de largo.
La soledad del café a primera hora
La situación, que podría parecer trivial, plantea una cuestión social: el respeto por la soledad ajena frente al impulso de reconectar con el pasado. Hay quien sostiene que el amigo probablemente lo ha reconocido y ha decidido no saludar, lo que sugiere que prefiere estar solo. Otros argumentan que la mirada perdida es simplemente la de alguien recién levantado, y que lo mejor es no molestar. El café a esas horas es casi un ritual: se toma en silencio, y quien está allí no busca compañía.
¿Por qué los reencuentros decepcionan?
La experiencia con reencuentros de antiguos compañeros suele ser decepcionante: uno se pregunta por qué le gustaban aquellas personas. En este caso, la decisión más prudente parece ser pasar de largo, como concluye el protagonista. El dato que descoloca: en otro lugar, el amigo podría estar preguntándose lo mismo. La paradoja del reencuentro es que ambos se observan, pero ninguno se atreve a dar el primer paso.