Del «quiten la pancarta» a la huelga general: el hilo se parte
El 3 de octubre el hilo se parte en dos. Una mitad sigue con la foto y con los que salen en ella. La otra se engancha a una palabra que no estaba en la convocatoria:
huelga general. Y en medio, un forero pega tres tuits que se convierten en el único material externo de toda la página.
Qué se ha sabido
Lo que llega de fuera son tres mensajes de redes pegados de golpe, todos del 3 de octubre. Uno de Ione Belarra, que llama a llenar Sol esa misma tarde y avisa de que van a hacer pagar cada desahucio y cada subida de alquiler. Uno de Julián Macías Tovar, que asegura que solo la columna que sale de Atocha son
cientos de miles de personas y que los
dos kilómetros hasta Cibeles están abarrotados. Y uno de Noa Gresiva, que subraya que en las decenas de ciudades donde ha habido marcha no se ve ninguna bandera de España. Nadie los verifica. Nadie los rebate. Se pegan y se sigue.
Ahí acaba lo ajeno. El resto son impresiones y cuentas de forero. Uno recuerda que el mismo perfil que ahora protesta por la vivienda estuvo ocho años en el Gobierno y sacó adelante el ministerio de vivienda. Otro sostiene que la lista de los que viven del Estado es larga y conocida. Y un tercero avisa de que el día que reviente todo «vamos a tener un serio problema», aunque no pone fecha. Cifras verificables, ninguna.
Dónde está la bronca
El primer choque es la huelga general. Una parte la da por hecha y hasta la celebra: que se convoque, dicen, y a ver qué pasa. Otra se limita a preguntar si lo de la huelga general va en broma. Y una tercera señala la contradicción: «Muy lógico pedir una huelga general la gente que no trabaja». Lo que se discute no es una convocatoria, que nadie ha anunciado, sino quién tiene derecho a pedirla. Un participante la reformula como una huelga
contra la oposición, «para mostrar nuestro más firme rechazo a las políticas que habría hecho la oposición si hubiesen gobernado». Otro añade que con esas banderas y ese tono no se moviliza a ningún moderado: sirve para sacar de casa al votante de izquierdas desencantado y para nada más. Y uno se declara espectador: si hay huelga, se apunta a mirar.
El segundo choque es de vocabulario. Cada bando acusa al otro de vivir del cuello ajeno. Unos apuntan a los propietarios que protestan contra un sistema del que ya sacaron tajada; uno ironiza con que se den prisa con el vermut, que toca cobrar el alquiler a principios de mes. Enfrente, varios enumeran su propia lista de los que viven del Estado —políticos, sindicalistas, empleados públicos, subvencionados— y dicen que son esos, y no los de la pancarta, a los que hay que combatir. La palabra es la misma en las dos aceras y nadie la suelta.
El tercer choque se va a lo identitario. Un participante resume el censo a su manera: cero de un grupo, cero banderas de España, todo traición. Se repite que no hay diversidad y que el color es único. A partir de ahí el hilo se pone espeso: uno compara la cabecera con un sketch de los Monty Python y repite el chiste dos mensajes después. Otro pide directamente que se pronuncie un genetista, como si la manifestación fuera un objeto de estudio y no una marcha. Y uno suelta la línea que resume el ambiente: «Qué espontáneo todo, se ve que lo han improvisado con prisa esta mañana.» A eso se suma quien dice que los carteles se han hecho en cinco minutos.
Hay un detalle de tono que casi nadie comenta. El forero de los Monty Python rectifica solo: «Mea culpa...». Nadie más recula en toda la página.
Qué cambia respecto a antes
Que la conversación ya no va de cuántos. Va de qué son. El número se ha quedado de lado y lo que se pelea es la etiqueta: rentistas, liberados, jubilados, funcionarios. Entra un tema que no estaba, la huelga general, que nadie ha convocado y que ya ocupa varias páginas entre los que la quieren y los que se ríen de imaginarla. Y entran tres tuits como única fuente externa, sin contraste y sin que nadie los discuta.
Dos cosas se dan por superadas sin decirse: la petición de retirar la pancarta y el recuento. El cartel sigue en su sitio y nadie ha contado nada.