Andrea Colas: dos años de dieta y sigue en 109 kilos
Hace dos años, la influencer Andrea Colas anunciaba al mundo que iniciaba una “dieta de recorte” para perder peso. Dos años después, la báscula sigue marcando 109 kilos. La noticia ha reabierto un debate que va más allá del chisme: el negocio de las influencers de gordas, la economía de la obesidad y la factura sanitaria que paga toda la sociedad.
Dieta de recorte: qué es y por qué no funciona
La “dieta de recorte” consiste, en teoría, en reducir la ingesta calórica. Sin embargo, los observadores señalan que, en la práctica, la influencer no habría recortado nada. Los mensajes en redes sociales muestran un consumo elevado de bebidas azucaradas y alimentos procesados, lo que explicaría la ausencia de resultados. Existen incluso quienes afirman que su elección de “calorías líquidas” -bebidas energéticas como Monster Energy- sería especialmente dañina, ya que el azúcar en líquido se absorbe más rápido y aporta más calorías sin saciedad.
La paradoja es evidente: si adelgaza, pierde su nicho. Como influencer de gordas, su público objetivo son personas con sobrepeso que buscan referentes de aceptación corporal. Si lograra perder los kilos de más, dejaría de ser “influencer de gordas” y desaparecería su gancho. Así, la dieta eterna se convierte en una estrategia de marketing inteligente, algo que algunos han comparado con los guionistas de la serie Perdidos, que alargaban la historia para no perder la audiencia.
El coste sanitario de la obesidad
El debate trasciende lo individual. La obesidad es un problema de salud pública que genera un gasto importante en el sistema sanitario. En España, los recursos del sistema de salud son limitados y los casos de obesidad mórbida requieren tratamiento continuado: medicación, revisiones, y en algunos casos cirugía. Hay quien sostiene que esta “apología de la obesidad” no solo promueve un estilo de vida insano, sino que incita a otros a seguir el mismo camino, lo que a la larga aumenta los costes para todos. Las cifras de prevalencia de la obesidad en España siguen creciendo, y se estima que más del 20% de la población adulta la padece.
El gasto en comida: 400 o 500 euros al mes
Un aspecto que llama la atención es el coste de mantener el peso. Según los datos que circulan, una persona con obesidad mórbida puede gastar entre 400 y 500 euros al mes solo en comida, y eso sin contar las cenas fuera. En el caso de Andrea, se ha especulado que come por tres personas, lo que dispararía el gasto. La comparación con el combustible de un avión es gráfica: mantener un cuerpo de 109 kilos requiere una ingesta calórica enorme.
El doble rasero de la “belleza real”
La discusión también alcanza a la contradicción del movimiento de aceptación corporal. Mientras que a las mujeres con sobrepeso se les anima a aceptar sus cuerpos y se las halaga como “curvy”, los hombres obesos no reciben el mismo tratamiento social. Esta asimetría ha sido señalada en el debate: ningún hombre gordo encontraría el mismo apoyo, y mucho menos piropos, por su aspecto. La “belleza real” solo se aplica a ciertos cuerpos, y eso es una incongruencia que no todos quieren ver.
A pesar de las críticas, la influencer mantiene un número considerable de seguidores. Curiosamente, hay quien afirma que su caso le sirvió de inspiración para perder 30 kilos, lo que demuestra que hasta los ejemplos negativos pueden tener un efecto inesperado. Los rumores recientes apuntan a que podría estar preparando un salto a la plataforma OnlyFans, un paso más en su particular camino de monetización.
El análisis sobre el fenómeno se queda precisamente ahí: en la paradoja de un modelo que promete salud y al mismo tiempo la contradice, y que encuentra en la crítica su principal fuente de ingresos. Mientras tanto, el debate sobre el coste social de la obesidad sigue abierto. Nadie cierra del todo la ecuación entre responsabilidad individual, libertad de expresión y sostenibilidad del sistema público de salud.