Pam promete irse si gana la ultraderecha y el 2x1 se viraliza
Ángela Rodríguez «Pam», exsecretaria de Estado de Igualdad, ha dejado una frase que ha funcionado como un anuncio electoral gratuito: si gana la ultraderecha, se va de España. La reacción mayoritaria en el hilo no ha sido de lástima ni de defensa. Ha sido un
2x1 como en el Carrefour: votar y, de propina, que se marche. La propia autora del tuit que abrió el asunto lo resumía sin anestesia: «no es consciente del favor que acaba de hacer a la ultraderecha».
El mecanismo es sencillo y viejo. Cada vez que una figura pública amenaza con el exilio si gana el rival, le regala al rival un argumento de movilización. Aquí el argumento ha calado más de lo habitual porque la amenaza venía de alguien con
sueldo público, cargo público y vivienda en zona cara. La distancia entre el discurso y la biografía es el chiste que se cuenta solo.
De la amenaza al eslogan de campaña
La conversación no tardó en girar hacia lo electoral. «No tenía ganas de ir a votar y la tipa esta me va a hacer ir», escribía uno. Otro lo cerraba: «Con esa oferta, si no votas turboderecha eres tonto». La frase funciona como eslogan porque no necesita explicación: promete un resultado tangible —la marcha de la amenazante— a cambio de un acto tan simple como meter un sobre en una urna.
Hay quien sostiene que el efecto es real y medible en intención de voto. En contra pesa un argumento más sobrio: la ultraderecha ya tenía a ese votante y la amenaza solo activa a quien ya estaba convencido. El cálculo más optimista habla de movilización de abstencionistas; el escenario pesimista, de puro ruido.
¿Cuánto cobra y qué pasa con su sueldo si se va?
El dato que más ha circulado es el económico. «Recordemos que esta gana 100 mil euros», apunta un mensaje, cifra que se cruza con otra pregunta incómoda: si alguien con ese nivel de retribución pública puede marcharse sin perderlo. La comparación con el régimen del desempleo —quien cobra el paro no puede salir del país sin arriesgarse a perderlo— aparece varias veces como agravio comparativo.
No hay respuesta cerrada en el material sobre el régimen concreto de esa retribución. Lo que sí hay es la constatación de que el debate se ha desplazado del qué dirá al
cuánto se lleva. Y ahí la opinión pública es implacable: el exilio con nómina no conmueve a nadie.
El destino: Cuba, Venezuela, Suiza o el exilio de lujo
La pregunta del destino ha servido de munición. «¿Se va a ir a Cuba, a Venezuela o, como su colega de la CUP, a Suiza?», resume uno. La ironía apunta a un patrón conocido: el discurso anticapitalista y la residencia en paraísos fiscales o países de bienestar. «Sharon Stone dijo lo mismo y sigue viviendo en Beverly Hills», fue el ejemplo que abrió el asunto.
Otra corriente, más agria, sostiene que no se irá nadie: que la amenaza es retórica y que a la hora de la verdad faltan agallas. «Amenazando que se van de España, pero les falta cojones para irse», resume una intervención. La predicción con reservas es esta: si gana la ultraderecha, seguirá aquí, cobrando y opinando.
El episodio deja una foto curiosa: una dirigente que quería advertir contra la ultraderecha y ha terminado fabricando su mejor eslogan. Si el 2x1 se convierte en escaño, lo sabremos en las urnas. Si no, quedará como lo que es: una frase que se apagó sola.