Ansiedad matemática y cuotas para cerrar la brecha en ingenierías
La brecha de género en las carreras técnicas no se cierra adaptando las matemáticas: es lo que sostienen los participantes del debate. Según los datos que se manejan en el hilo, ellas ya son el
55% del alumnado universitario, pero no en las aulas de ingeniería. Y un usuario recuerda que los chicos que se quedan por el camino lo hacen mucho antes, en la ESO.
El detonante es un vídeo de una charla en la que dos ponentes, una de ellas con formación en ingeniería informática y la otra en odontología según se indica en el hilo, reclaman más mujeres en ciencias. Una de ellas sentencia que «todo lo que es sector salud es nuestro ya». Completa el cuadro un estudio citado según el cual «nos han educado para que tengamos miedo a los números y por eso tenemos ansiedad».
Qué sostiene la charla y qué se le reprocha
El diagnóstico de partida que se discute es que la escasez femenina en carreras técnicas responde a un sesgo corregible, la ansiedad matemática inducida, y que la conclusión sería reformar la enseñanza para que las matemáticas resulten menos intimidantes.
La objeción más repetida es que las matemáticas no distinguen géneros y que no se pueden hacer ecuaciones más sencillas para que entren más mujeres. El contraste lo ironiza un participante: nadie propone adaptar la primaria y la ESO para que los chicos suspendan menos que las chicas.
Por ahí se cuela una pregunta incómoda para el relato: se enumeran construcción, fontanería, electricidad y soldadura como oficios con sueldos altos y demanda de trabajadores, y se pregunta por qué no hay campañas que empujen a las chicas hacia ellos. La ironía final la subraya otro participante: una de las ponentes que anima a las chicas a meterse en ingenierías estudió odontología.
El 55% de universitarias y el abandono masculino temprano
Según el dato que circula en el hilo, las mujeres son mayoría clara en la universidad, y también se apunta que lo son en enfermería, medicina, fisioterapia y el conjunto del sector salud. Aquí se sostiene que si la brecha importa cuando ellas faltan y no cuando sobran, el criterio no es la paridad, sino el reparto de los sectores mejor pagados y menos exigentes.
El abandono escolar temprano, se afirma, es mayoritariamente masculino. Un chaval puede suspender en 4º de ESO, ponerse a trabajar y sacarse la carrera años después: lo que fallaría es la secuencia, no la capacidad. Y otro participante apunta a un modelo educativo laxo, cooperativo y muy escolarizado que premia un perfil y penaliza otro. Sobre si eso merece medidas correctoras, el silencio es bastante elocuente.
Cuotas, oposiciones y el reparto del sector salud
La vía administrativa se discute con datos. Se sostiene que en muchos trabajos ellas tienen un
40% de plazas reservadas y que en determinadas oposiciones hay hombres con mejores notas que se quedan fuera. Es la versión dura del argumento: si la igualdad de capacidad existe, la reserva sobra.
El contrapunto económico también circula. Un participante describe enfermería como la carrera con mejor relación esfuerzo/salario, mientras que, a su juicio, una ingeniería exige bastante más y paga en muchos casos menos. Con ese diferencial, empujar a las chicas a las ciencias técnicas no suena a igualdad: suena a
a ver si os esforzáis más.
En la versión de bolsillo del mismo relato no hay estadística, solo consigna: la comunicadora Henar Álvarez resume el marco con un «es que los hombres nos quitan cosas». Y se lanza la pregunta: si dos personas rinden igual y una cuesta menos, ¿quién contrata a la otra?
La cola de la distribución y el chiste de los puentes
Un participante repite un patrón estadístico conocido: los hombres concentrarían más casos en los extremos de la distribución de capacidad cognitiva, tanto por debajo como por encima. Cita gráficos, atribuidos a un centro de estudios estadounidense, con más casos por debajo de 80 y más por encima de 120. De sostenerse el patrón, los equipos punteros sobrerrepresentarían hombres por pura aritmética de colas, no por discriminación.
La broma amarga que recorre la conversación tiene que ver con lo que pasa cuando una disciplina se llena por cuota y no por competencia. El chiste sobre puentes calculados con perspectiva de género funciona como chiste. Como política pública, conviene no probarlo.
Con estos mimbres, lo razonable es esperar pocas cuotas formales en las escuelas técnicas y mucho programa, beca y campaña. Si alguna vez llegan con nombres y apellidos, el coste no lo pagará este debate. Lo pagará el primer informe que nadie quiera leer.