Una comunidad digital se concede sus propios premios en octubre
Los grandes galardones culturales cargan con la fama de repartir estatuillas entre amistades. Contra ese relato, una comunidad digital ha decidido montar su propia ceremonia paralela. La primera edición ya tiene calendario cerrado: la votación arranca el
1 de octubre, cierra el
20 y los ganadores se anuncian el
21. El organizador la vende como una fiesta
«democrática», con un recuento automatizado para descartar tongos. Faltan categorías definitivas, candidatos y, sobre todo, saber si el chiste aguanta hasta el otoño.
Qué son estos premios y cuándo se vota
La convocatoria parte de un único organizador que resume el objetivo con una frase: buscar
«a lo mejor de entre lo peor». El premio no promete prestigio, promete una estatuilla de broma y, sobre todo, la excusa perfecta para un mes de trifulca. El mecanismo es sencillo: cualquiera puede votar y una herramienta automática se encarga del recuento. Hay quien pide que la cita sirva para algo más que reírse, con el argumento de que en octubre no pasa nunca nada y, al menos así, pasa algo.
Cuatro categorías y la pelea por cambiarlas
El borrador arranca con
cuatro premios, ampliables hasta un
máximo de cinco. La lista mezcla homenaje y ajuste de cuentas: la mejor trayectoria del año, el más insufrible, el más desastrado. La categoría del más odiado está en el aire —se discute si conviene suavizarla— y llueven las propuestas para añadir al más educado, al más sabio o al mejor mensaje del año. Nadie firma todavía una lista definitiva, y cada votante tendrá que elegir
tres nombres distintos por categoría, regla que se mantiene por aquello de la diversidad.
El trofeo, las imágenes y el lío de los votos
La puesta en escena tampoco está exenta de fricciones. El diseño de las imágenes, cuya autoría se disputan dos participantes, combinó trabajo manual y herramientas de generación automática, y una de ellas se resistió: la que llevaba un cartel con un
líder extranjero no hubo forma de editarla. Al premio físico le han sugerido hasta la forma de un ladrillo. Y el punto más delicado, el
control de los votos duplicados, sigue sin solución anunciada en un entorno donde presumir de cuentas paralelas es casi deporte, y ningún participante ha detallado cómo piensa atajarlo.
Con los candidatos aún por cerrar y el recuento pendiente, la gala de octubre puede ser un escaparate de transparencia o un esperpento monumental. ¿Quién arbitra un premio cuando los votantes y los premiados son exactamente las mismas personas?