El «potencial» se estrella contra el insulto y el bulo
El vídeo era el típico: una influencer sonriendo, compartiendo su fórmula para aprovechar todo tu potencial. La secuencia de comentarios, sin embargo, no tenía nada de inspiradora. En cuestión de diez intervenciones, el mensaje de superación personal se convirtió en una sarta de descalificaciones sobre su físico y, de ahí, en una acusación sin pruebas que enlazaba con una trama de corrupción política.
El eslogan que se convierte en diana
Cualquier discurso de autoayuda lanzado por una mujer en redes se expone a una respuesta que va directa al aspecto, no al argumento. A la creadora de contenido se la ridiculizó por sus rasgos, se comparó su imagen con la de otras figuras públicas y se convirtió su mensaje en objeto de chanza gruesa. Lo llamativo es la velocidad: en menos de lo que tardas en leer tres comentarios, el sarcasmo ya había sustituido a cualquier intento de rebatir el fondo de la idea.
Del comentario vejatorio a la difamación con nombre
El salto cualitativo llegó cuando alguien identificó a la influencer como una de las acompañantes que un exasesor presuntamente contrataba para un exministro. La acusación, lanzada sin aportar ni una prueba, conecta con el caso Koldo, la trama de supuestas comisiones que salpica al entorno socialista. Ningún medio ha publicado una verificación que respalde esa afirmación, y el tono del apunte delataba más deseo de hacer daño que intención informativa. En el terreno legal, difundir ese tipo de imputaciones sin sustento puede derivar en delitos contra el honor.
La conversación, de apenas diez mensajes, dejó un recorrido insólito: del consejo motivacional al linchamiento físico y de ahí a la calumnia con nombres de ministros. El potencial, efectivamente, se desplegó — el de la imaginación para difamar. Ni siquiera hizo falta una prueba.