Arabia Saudí promete ser la nueva Europa y el mundo se ríe
El príncipe heredero saudí,
Mohammed bin Salman, ha soltado una de esas frases que se guardan para la posteridad o para el ridículo: «No quiero morir antes de ver Oriente Medio a la vanguardia del mundo. Creo que este objetivo se alcanzará al 100%». Y remató el envite: la región será «la nueva
Europa». La declaración, difundida por la cuenta
ResourceWars, ha desatado un alud de reacciones que van del chiste fácil a la reflexión geopolítica seria. Porque el fondo del asunto no es si MBS tiene razón, sino si Europa sigue teniendo algo que copiar.
De la burla al análisis: qué se esconde tras la promesa saudí
La primera reacción fue la carcajada. «Me parto», resumía uno. «Menuda fumada lleva el Mohamed», apostillaba otro. Pero debajo del chascarrillo asoma una inquietud real:
el petróleo y el gas tienen fecha de caducidad, y quien no construya una economía alternativa se quedará con un desierto lleno de arena y palacios vacíos. La propia Arabia Saudí lo sabe, y por eso lleva años intentando comprar prestigio, deporte y tecnología a golpe de talonario. La pregunta es si eso basta para fabricar una civilización.
Hay quien sostiene que la frase de MBS es puro marketing. Que sin los ingenieros y profesionales occidentales que trabajan allí, el reino no sería nada. «Solo tienen una fachada de modernidad porque pagan un pastizal», resume una de las intervenciones más repetidas. Otros, en cambio, avisan de que Occidente hace mal en reírse:
Europa pierde ritmo cada año mientras el Golfo acumula capital y compra participaciones en empresas estratégicas. La risa, dicen, puede convertirse en llanto.
¿Qué le queda a Europa si el dinero se muda al Golfo?
El debate deriva pronto hacia el viejo continente. Una corriente sostiene que Europa ya no es un modelo, sino un museo: burocracia, impuestos y una población envejecida. Otra recuerda que
la civilización europea no se compra con petrodólares: hace falta derecho, instituciones, ciencia y siglos de sedimentos culturales. «El moro puede comprar todo lo que esté a la venta, pero no puede comprar una civilización», sentencia un mensaje que resume el sentir mayoritario.
La ironía fina llega cuando alguien señala que MBS no dijo «Occidente», sino «Europa». Un detalle nada casual:
no quiere molestar a Washington, pero tampoco disimula su complejo de inferioridad ante la vieja Europa. La misma que, según varios, se está «arabizando» por la vía migratoria mientras Oriente Medio se «europeiza» por la vía financiera. El intercambio de papeles tiene su gracia.
El peak oil y la trampa del petrodólar
Aquí el debate se vuelve técnico. Un sector defiende que el fin del petróleo barato está cerca:
el crudo convencional se agota y queda el caro, el pesado y el contaminante. Cada vez hace falta invertir más energía para extraer la misma cantidad, y eso rompe el modelo. Si eso fuera cierto, argumentan, Arabia Saudí no estaría diversificando, sino exprimiendo el último barril.
La réplica llega desde el otro lado: el peak oil es «un cuento de la lechera». Lo que se acaba, dicen, es el chanchullo del petrodólar, no el crudo. Y si MBS se atreve a decir lo que dice, es porque sabe que aún le quedan décadas de renta. La discusión, en el fondo, no es geológica sino monetaria: quién controla la moneda de reserva y quién paga la fiesta.
La pregunta que nadie responde: ¿se puede comprar una civilización?
Al final, el hilo desemboca en una cuestión casi filosófica. Arabia Saudí tiene dinero, tiene petróleo y tiene un plan. Le falta lo que no se compra:
tiempo, cultura y legitimidad. Puede fichar a los mejores futbolistas, construir rascacielos y organizar mundiales, pero no puede fabricar de la nada una sociedad abierta, crítica y creativa. Eso, si acaso, se hereda.
Mientras tanto, Europa se desangra en su propia decadencia. Y ahí está la paradoja:
el continente que MBS quiere imitar es el mismo que se está desmontando a sí mismo. Si la nueva Europa es Oriente Medio, ¿quién será la vieja? La respuesta, de momento, la tiene el tiempo. Y el tiempo, como el petróleo, no es infinito.