Un vídeo sin fecha recorrió las redes: una multitud avanza por el desierto, sin principio ni fin aparentes. A su alrededor brotó la cifra de 100.000 personas y la etiqueta de «marcha negra». La atribución, inmediata: el ejército argelino estaría conduciendo a migrantes subsaharianos hacia Marruecos. La realidad, a la espera de confirmación, tiene más matices que un tuit.
Una cifra que no cuadra con los hechos
Los defensores de la versión más cruda hablan de una operación deliberada: Argelia habría reunido a 100.000 migrantes en su frontera con Marruecos y planea soltarlos en pocos días. La idea encaja en la lógica de presión mutua que ambos países arrastran desde hace décadas.
En el extremo contrario, hay quienes recuerdan que Argelia expulsa habitualmente a los migrantes irregulares hacia el sur, especialmente a Níger, no hacia el norte. El vídeo que se propaga carece de ubicación, fecha o contexto verificados. Las noticias recientes que sí tienen un mínimo contraste apuntan a los cruces en Ceuta, no a una caravana organizada por el ejército argelino.
El gas: el telón de fondo que explica la tensión
España recibe gas argelino a través de dos gaseoductos: el directo a Almería y el que atraviesa territorio marroquí. El segundo, además, pagaba peaje a Marruecos. Hace meses que dejó de operar por desacuerdos entre Argel y Madrid, y su cierre dejó a Marruecos sin una fuente de ingresos y a España con un único suministro.
Ese detalle no es menor. Cuando se habla de una supuesta marcha forzada de migrantes, el contexto energético aparece inevitablemente: Argelia tiene gas, Marruecos tiene la ruta, y España tiene las fronteras. Metan a la migración en la ecuación y el resultado es un tablero en el que nadie quiere mover primero.
¿Doble presión o simple desinformación?
Existe una tercera lectura, la más cínica: que no hace falta un plan conjunto. Argelia busca desestabilizar a Marruecos, y Marruecos ya hizo lo propio con España en Ceuta. En esa doble pinza, los migrantes son la moneda de cambio. El problema es que ningún dato público confirma que Argelia haya cruzado esa línea.
Lo que sí es evidente es que el término «marcha negra» se ha instalado en el debate público como un arma retórica. Y, como suele ocurrir, la retórica vende más que la verificación.
La próxima vez que alguien comparta un vídeo de una multitud en el desierto, convendría preguntarse quién lo publica, con qué fecha y con qué intención. Mientras tanto, la frontera sur sigue siendo el escenario de una partida geopolítica en la que la migración se ha convertido en una variable más de la ecuación energética.