La economía del semáforo en Argentina: el ajuste que se vende en cada esquina
La escena se repite en los semáforos de Argentina: alguien, en pie, ofrece pizzas mientras los coches esperan. Esa imagen resume una pregunta incómoda sobre el modelo económico argentino: ¿es el trabajo informal la única salida cuando el Estado no cubre las necesidades básicas?
Hay quien sostiene que el sistema anterior repartía subsidios («paguitas») que sostenían a una parte del país en la inactividad, y que el ajuste actual, aunque cruel, obliga a buscar ingresos reales. Frente a eso, otro sector responde que ese «subsidio» nunca fue un derecho, sino un «cuenco de arroz» vacío: pensiones mínimas y ayuda social que no alcanzaban para vivir. Y añaden un matiz importante: España y Argentina no juegan en la misma liga. Las redes de protección que aquí existen llevan décadas esculpidas; en América Latina, aseguran, nunca llegaron a existir. «Os creéis que esto es aquello», viene a ser el resumen.
El debate de fondo es político y va más allá de la anécdota del semáforo. Para algunos, la disyuntiva real se reduce a dos opciones: el peronismo kirchnerista (La Cámpora) o el libertarismo de Javier Milei. Y la conclusión que más se escucha es desoladora: lo uno o lo otro conduce al mismo lugar, «muerte o muerte». Lo que ningún análisis termina de explicar es cómo se construye una economía de oportunidades sin red de seguridad, porque la calle ya lo está mostrando: en cada semáforo hay un intento de supervivencia que no cuenta en las estadísticas oficiales.