Arte Charo: el esperpento que descoloca al arte contemporáneo
Se llama Arte Charo y, de momento, es más un fenómeno de conversación que una corriente con manifiesto. Hay quien lo describe como una performance en la que actrices imitan a animales de manera grotesca, sin un hilo narrativo aparente. El resultado, según la única crítica medianamente elaborada al respecto, sería un arte moderno vacío, la cara extrema del teatro de Valle Inclán pero sin la potencia del autor de Luces de Bohemia.
La discusión se ha encendido en una comunidad de análisis económico. Que el tema aterrice ahí no es casualidad: la pregunta de fondo no es estética, sino presupuestaria. Si una propuesta así puede acabar financiada con dinero público, el problema deja de ser el gusto y pasa a ser la asignación de recursos.
El contraste entre las reacciones es brutal. Frente a la curiosidad de quienes preguntan qué es exactamente, los escépticos responden con desprecio o con una pereza infinita. Ninguna definición canónica existe, y esa indefinición es probablemente el mayor éxito del Arte Charo: nadie sabe qué es, pero todo el mundo tiene una opinión.
De momento, lo único claro es que el Arte Charo ya ha conseguido algo que el arte subvencionado rara vez logra: que la gente discuta sobre él. Y en este sector, que hablen de ti es el primer paso para entrar en el presupuesto público.