Arte o despilfarro: 390 kilos de mantequilla en un museo de Róterdam
Veinticinco metros cuadrados de suelo cubiertos por una capa de mantequilla de cacahuete. No es un accidente de catering: es la última ocurrencia del Museo Boijmans Van Beuningen de Róterdam, que ha esparcido 390 kilos de crema de cacahuete por su planta. La cantidad, según los responsables, equivale a unas 15.000 rebanadas de pan tostado.
La instalación rinde homenaje al artista neerlandés Wim T. Schippers, fallecido en junio de 2026 a los 83 años. Su obra 'Pindakaasvloer' —literalmente, 'suelo de mantequilla de cacahuete'— fue concebida en 1962 y expuesta por primera vez en 1969. Más de medio siglo después, la broma sigue vigente. Y el museo pide a los visitantes que mantengan la distancia. Previsiblemente, para no dejar huellas.
¿Arte conceptual o comida tirada a la basura?
El gesto no deja indiferente. Hay quien ve en esta pieza la expresión perfecta de la banalidad del arte posmoderno: 'la nada absoluta con forma de sinsentido'. Otros, más prosaicos, recuerdan que hay comida que podría alimentar a mucha gente, y no falta quien augura una invasión de hormigas o ironiza con que el personal de limpieza debe estar 'encantado' con el encargo.
La obra necesitó cuarenta cubos de crema de cacahuete y veinte instrucciones para 'hacer la nada', según la descripción del museo. Los críticos lo tienen claro: es arte moderno al azar, gilipolleces con pretensiones. Los defensores, en cambio, subrayan que se trata de una pieza histórica del arte conceptual neerlandés, con un pedigrí que arranca en los años sesenta.
El legado de Wim T. Schippers
Schippers, que falleció hace apenas unos meses, fue un provocador nato. Su 'suelo de mantequilla de cacahuete' es una de las obras más recordadas del movimiento conceptual holandés. La pregunta es si la provocación se sostiene medio siglo después o si, como sostienen los escépticos, solo queda el gesto vacío.
Con 390 kilos sobre el suelo, el museo ha conseguido lo que pocas exposiciones logran: que la gente hable de arte, aunque sea para insultarlo. La próxima vez que alguien unte una tostada, quizá piense en Róterdam. Y en las hormigas.