Explotación infantil: la brecha entre el caso Feria y México
Mientras en España un caso de abuso de menores con decenas de víctimas conmociona al país, en México se habla de cientos de miles. Según estimaciones de la propia Procuraduría General de la República (PGR), entre 150.000 y 200.000 menores habrían sido víctimas de explotación sensual en 2025, incluyendo bebés de meses. La diferencia no es solo numérica: es estructural.
El caso Feria: un ejemplo de lo que sucede en España
Rafael de Medina, duque de Feria, fue detenido en 2025 por presunta agresión sensual a una menor. El sumario filtrado apunta a una red de prespitación infantil con menores tuteladas, contactos a través de chats privados y pagos para acceder a ellas. Se salpican nombres de empresarios y algún famoso. El duque ya tenía antecedentes por conductas similares, aunque salió de rositas en su momento. El caso ha generado una fuerte indignación, pero sus dimensiones son limitadas: se habla de decenas de víctimas, todas prepúberes o púberes.
La magnitud del problema en México
En contraste, las cifras mexicanas son abrumadoras. La PGR estima que entre 150.000 y 200.000 menores fueron explotados sensual en 2025, una cifra que no incluye a los niños víctimas de abusos dentro del ámbito doméstico. El fenómeno es sistemático y continuado, y en muchos casos los propios familiares alquilan a sus descendientes a redes de explotación. La economía del crimen encuentra en la pobreza extrema un caldo de cultivo perfecto: un niño puede ser rentabilizado repetidamente, a diferencia de otros bienes ilegales.
¿Por qué la atención mediática es tan desigual?
La diferencia de escala es abismal, pero la cobertura no lo refleja. Mientras el caso Feria acapara titulares, la crisis mexicana pasa casi desapercibida en los medios europeos. Quizá la respuesta esté en la cercanía del escándalo, en la implicación de nombres conocidos, o en la dificultad de narrar un pavor tan masivo y tan lejano. Pero los datos están ahí: la explotación infantil es un negocio global que mueve miles de millones, y México es uno de sus epicentros.
¿Cómo se explica que un caso aislado con decenas de víctimas genere más atención que una crisis humanitaria de esta escala? La respuesta quizá esté en la economía del crimen y en la capacidad de las redes para operar en la sombra.