La casa de Iker Jiménez en La Moraleja: biblioteca, suelo de cristal y piscina
Una vivienda con museo de lo paranormal, estudio de grabación propio y una biblioteca con suelo de cristal bajo el escritorio. Iker Jiménez y Carmen Porter dejaron atrás un piso en el centro de Madrid y se mudaron a una mansión en La Moraleja, uno de los barrios más caros de la capital. Lo contaron ellos mismos en una entrevista: el cambio de domicilio también servía para esquivar a quienes confundían su oficio con el de vidente y les esperaban a la salida del portal. El precio medio de venta en la zona, según los datos que maneja Idealista, ronda los
4.695 euros por metro cuadrado, y el alquiler medio se sitúa en
14,5 euros por metro cuadrado. No es un barrio para cualquier nómina.
Qué tiene la casa por dentro
El estilo es minimalista, con techos altos, ventanales grandes y tonos neutros. En la cocina, muebles blancos y una isla central con la vitrocerámica, pensada para cocinar mientras se charla. El jardín es de grandes dimensiones, con piscina, césped, tumbonas acolchadas, un porche con mobiliario de exterior y una canasta de baloncesto para jugar con su hija. También hay un estudio de grabación bautizado como
Estudio Alma, en honor a la niña, donde graban radio, vídeos y pódcast.
La biblioteca es la estancia que Jiménez señala como favorita. Allí conviven libros de terrorismo, espiritualidad, religión y volúmenes antiguos sobre el demonio que el periodista colecciona. Carmen Porter lo explicó en
Diez Minutos: los coleccionistas les avisan cuando aparece algo interesante, incluso libros que estuvieron prohibidos, y buena parte de lo que se cuenta en
Cuarto Milenio no sale de internet sino de esos estantes. El detalle que más llama la atención es el
suelo de cristal bajo el escritorio, que deja ver la planta inferior llena de vegetación. En la misma sala hay doble pantalla, teclado, mesa de mezclas, micrófono y foco: allí también componen música.
De dónde sale el dinero y por qué algunos se encienden
El asunto ha abierto dos discusiones distintas. La primera es económica: si un periodista de televisión puede permitirse una casa así. La respuesta que se repite es que lleva décadas en cadenas generalistas, que el formato funciona y que, según un cálculo que circula en el debate, la propiedad se compró cuando el suelo de la zona costaba bastante menos. El paralelismo que se hace es con otros presentadores de su generación que viven en chalés de lujo sin que nadie se rasgue las vestiduras. Hay quien añade que la diferencia importante no es el patrimonio en sí, sino cómo se ha construido: con contratos y audiencia, no con adjudicaciones.
La segunda discusión es de fondo y no tiene que ver con la casa. Una parte del público sostiene que divulgar lo paranormal es un negocio como cualquier otro y que quien lo hace no puede creérselo de verdad, porque si creyera estaría investigando en serio en lugar de grabar programas de actualidad. La respuesta desde el otro lado es que el formato siempre ha mezclado médiums, científicos y escépticos, que Jiménez presenta casos sin pronunciarse y que el entretenimiento no obliga a la coherencia personal. La crítica más repetida no es la hipocresía, sino el precio: una vivienda en La Moraleja se ha convertido en el símbolo de que el misterio, bien empaquetado, paga muy bien.
El detalle que nadie esperaba: la casa como decorado
Hay un tercer hilo, más curioso. La propia mudanza se justificó, en parte, por los seguidores que no separaban ficción y realidad y esperaban al periodista a la salida de su antiguo piso. Es decir: la casa no solo es una inversión, también es un cortafuegos. Y ahí aparece la paradoja que recorre toda la conversación: el mismo público que financia el programa es el que obliga a poner distancia física. La biblioteca con suelo de cristal, el museo de lo paranormal y el estudio de grabación casero convierten la vivienda en una extensión del plató. La intimidad, en este caso, se enseña por redes sociales y se protege con una urbanización cerrada.
¿Cuánto de esa casa es refugio y cuánto es escaparate?