Phil Collins: el cuerpo que pagó la factura del rock
La imagen reciente de Phil Collins ha dado la vuelta a las redes: frágil, dependiente de un bastón, con una enfermedad que lo mantiene en silla de ruedas. El músico, que el pasado mes de enero cumplió 75 años, es la viva estampa de una carrera pagada en el más caro de los peajes. no es la decadencia de una estrella cualquiera, sino el resultado de décadas de batería, excesos y una serie de lesiones que los médicos ya han tachado de irreversibles.
Una espalda destrozada por la batería
Collins no solo cantaba: era uno de los baterías más solicitados del circuito del rock. Su estilo agresivo, ese golpeo de herrero medieval que él mismo reconoció, pasó factura directa a su columna. Los nervios de la espalda se fueron pinzando durante décadas y el resultado es una lesión de médula que hoy le obliga a necesitar atención médica las 24 horas del día.
A eso se suman las rodillas, que ya no responden por el mismo motivo. El diagnóstico es duro: daños irreparables. No hay operación mágica ni vuelta atrás. De hecho, los que le hemos visto en sus últimos conciertos, sentado detrás de la batería en 2019, intuíamos que algo grave pasaba.
Alcohol: los riñones que dijeron basta
Si las lesiones fueron el precio de la batería, el alcohol se cobró lo poco que quedaba sano. El propio Collins lo confesó en una entrevista reciente: sus riñones fallaron, los órganos se le estaban paralizando y llegó a tener a la gente viniendo a despedirse. Pasó la mayor parte de aquel episodio inconsciente, sin saber que la gente acudía a su lecho para darle el último adiós.
La prensa británica recogió el testimonio sin anestesia: "Mis riñones estaban fallando, mis órganos se estaban paralizando". Salió adelante, pero no intacto. El páncreas quedó dañado de forma permanente. En un cuerpo que ya arrastraba una vida entera golpeando tambores, la abstinencia forzosa llegó tarde.
El debate sobre su herencia musical
Lo que algunos dan por muerto en lo físico no lo está en lo musical. Queda el debate sobre la talla real de Collins como músico. Hay quien lo reduce al pop melódico de los Genesis ochentero, y hay quien recuerda su faceta más versátil: más de 30 éxitos en solitario, sin contar los de la banda, y una batería que se codeó con los grandes en el Live Aid.
Los análisis más generosos lo comparan con los pesos pesados de su generación. Los más críticos, a los que "nunca les gustó", reconocen al menos la magnitud del personaje. El tiempo se encarga de poner a cada uno en su sitio, y lo que queda claro es que Collins ya no va a tocar más la batería. Lo que no se sabe es cuántos años más tendremos que verle así, en esa frontera entre la leyenda viva y el recuerdo.
A los 75 años, Phil Collins es un espejo de lo que el rock hace con sus héroes cuando el show termina. El cuerpo le dijo basta a los 74, cuando el alcohol casi lo mata. La música, sin embargo, sigue ahí. Por mucho que algunos se empeñen en enterrarlo en vida, el artista que compuso In the Air Tonight no depende de una silla de ruedas para seguir siendo inmenso.