Pedradas que dejan en evidencia la defensa en Ceuta
El ataque al vehículo militar en Ceuta ha abierto una brecha que no se coserá con un comunicado. Los militares iban desarmados y tuvieron que salir corriendo ante una lluvia de piedras que los intervinientes describen como potencialmente letal. La escena, resumida en el estado del vehículo, ha reabierto la pregunta incómoda: qué pinta un soldado sin medios de disuasión en una frontera con historia.
La corriente más dura señala al Gobierno por haber ordenado una patrulla sin capacidad de respuesta. La culpa, se argumenta, no es del que corre, sino del que le dejó sin defensa para no molestar a la otra orilla. Añaden, con ironía, que la humillación del uniformado alegra a quienes nunca han pisado una frontera.
En el lado contrario, el ejercicio de simetría incomoda: si unos civiles atacaran un vehículo militar marroquí en Marruecos, la respuesta sería inmediata y probablemente contundente. De ahí se deduce que el problema no es la piedra, sino la percepción de impunidad. Un vehículo dañado, una imagen peor y un Estado que aún debe explicar qué hacían sus soldados sin recursos.
El incidente queda abierto. La piedra, de momento, ha hecho más ruido que cualquier parte oficial.