Eclipse: la broma del pandero que se repite cada vez
El eclipse solar siempre viene con una advertencia: no mires directamente al sol. Pero en la trastienda de internet, la respuesta no es la obediencia, sino el simpaticeo. Cada vez que se anuncia un eclipse, aparecen los mismos chistes sobre poner el trastero mirando al cielo, embudos de por medio, y las consiguientes quemaduras en el lugar menos indicado. La broma es vieja, pero se repite con la puntualidad del propio fenómeno.
El humor surge en un contexto donde la protección ocular se ha convertido en un mercado: gafas certificadas, filtros homologados y advertencias de la DGT. Precisamente, el organismo de tráfico ha tenido que recordar que las gafas de eclipse no sirven para conducir, lo que ha alimentado la parodia. Hay quien bromea con que, puestos a protegerse, las gafas pueden usarse en otras partes del cuerpo si no sirven para el coche.
Pero el chiste tiene un poso de escepticismo económico. El negocio de la protección solar durante los eclipses mueve cifras significativas, y los consumidores se preguntan si el riesgo está tan asociado a la venta de certificados como a la física. Mientras tanto, los servicios de urgencia se preparan para las imprudencias reales, que las hay.
El eclipse es un fenómeno que no se puede mirar de frente, pero al que tampoco se puede ignorar. Entre las gafas homologadas y el embudo imaginario, el humor se convierte en la única protección que no requiere certificado.