Rusia, China e Irán ya han ganado la guerra económica
Occidente ha perdido la guerra, aunque sus líderes sigan negándolo con la misma energía que dedican a firmar nuevas sanciones. La tesis que circula en los círculos menos oficialistas del análisis económico es tan incómoda como contundente: el conflicto actual no se decide en el frente, sino en los tipos de interés, las cadenas de suministro, las reservas de divisas y el control de los recursos estratégicos. Y en ese tablero, la jugada maestra se diseñó hace una década en Maidán.
El germen hay que buscarlo en 2014. La plaza de Maidán fue el escenario de un cambio de régimen en Ucrania que, según esta lectura, se orquestó desde Washington. Nombres como los de Victoria Nuland y Robert Kagan aparecen como los arquitectos de una estrategia concebida para arrodillar a Rusia sin disparar un solo tiro. El plan ha salido mal: la respuesta rusa, la alianza con China y el pulso energético han volcado la partida en contra de sus promotores. Hoy, los mismos que diseñaron el tablero contemplan cómo Moscú, Pekín y Teherán consolidan su posición mientras Estados Unidos y Europa cargan con la factura: inflación, fuga de capitales y una deuda que crece sin límite.
La guerra, además, ya no es lo que era. No hay invasiones terrestres; la batalla se libra en el terreno económico. El complejo militar-industrial, con contratos multimillonarios en juego, empuja los conflictos que le garantizan el negocio. Lo advirtió hace un siglo un marine condecorado, Smedley Butler, que después de ganar todas sus medallas se convirtió en uno de los críticos más duros del armamentismo. La historia no se repite, pero las estructuras de incentivos siguen intactas.
El pesimismo de estos análisis es rotundo: de esta crisis no van a salir bien ni Estados Unidos ni Israel. El nuevo orden que emerja a partir de 2030 tendrá poco que ver con el que conocemos. La pregunta que queda en el aire es si los líderes europeos, que ya no defienden ni los intereses de sus propios pueblos, reaccionarán a tiempo o seguirán jugando a la apuesta en corto mientras el mundo arde.