Fin de carrera para dos médicas en Formentera
Dos jóvenes médicas portuguesas, una de ellas recién especializada en neurocirugía, han fallecido esta semana en Formentera al estrellarse la moto que habían alquilado contra un taxi. Viajaban las dos en el mismo vehículo, mientras otras cuatro amigas les seguían en un coche. Era un viaje de celebración: fin de carrera, quizá el último respiro antes de empezar la vida adulta en los quirófanos.
El accidente ocurrió, según las primeras informaciones, cuando la moto invadió el carril contrario y chocó frontalmente contra el taxi. La dinámica recuerda a la de tantos siniestros en carreteras insulares: un turista subido a una moto de alquiler sin experiencia previa, una curva mal trazada, la confianza de quien no conoce el asfalto. En Formentera, alquilar una moto es casi un rito vacacional; las distancias son cortas, el clima invita, y el carné de coche B1 permite conducir ciclomotores. Pero la falta de práctica en dos ruedas convierte cualquier despiste en tragedia.
El coste de formar un neurocirujano
Si algo distingue este suceso de otros accidentes de verano es el perfil de las víctimas. Una de ellas acababa de completar la especialidad de neurocirugía, una de las más largas y costosas del sistema sanitario. Formar un especialista en Portugal (o en España) requiere entre 10 y 15 años de estudio y residencia, con una inversión pública que ronda los 100.000 euros por facultativo. Cuando un profesional así fallece en un accidente evitable, la sociedad no solo pierde una vida: pierde años de inversión educativa y un activo sanitario difícil de reemplazar.
Algunas voces han señalado que los médicos portugueses ganan de media un 50% más que los españoles, dato que, de ser cierto, multiplica el coste de oportunidad. El debate, en cualquier caso, trasciende el dolor personal: cada médico fallecido representa un agujero en la cantera de profesionales que tanto necesita el sistema público.
Motos alquiladas: una trampa mortal disfrazada de diversión
La escena se repite cada verano en Formentera, Ibiza, Bali o las islas griegas. Turistas sin experiencia en moto alquilan un escúter o una motocicleta con el carné B1, y en cuestión de horas acaban en urgencias. Según datos de la Comisión Europea citados en el debate, el riesgo de muerte por kilómetro recorrido en moto es 20 veces superior al del coche. En vías secundarias y con conductores noveles, la probabilidad se dispara.
El problema no es la moto en sí, sino la combinación de falta de práctica, vehículo desconocido y terreno con curvas. En un coche, un error se perdona con la carrocería; en una moto, el cuerpo es el parachoques. Los cirujanos de urgencias lo saben bien: los lunes llegan el 80% de los traumatismos craneoencefálicos graves relacionados con la conducción de motos, bicis o patinetes.
El dato que descoloca
Las dos jóvenes viajaban juntas en la misma moto. El reglamento portugués (y el español) prohíbe llevar pasajero en ciclomotores salvo que esté expresamente autorizado, y la mayoría de las motos de alquiler en Formentera no lo permiten. Pero más allá de la normativa, el dato que debería dar que pensar es este: el coste de formar a un neurocirujano supera con creces el precio de un billete de avión de vuelta. La prevención sigue siendo más barata que el luto.