Aznar avisa de una posible III Guerra Mundial ante el desafío de las autocracias
José María Aznar ha vuelto a la primera línea del debate geopolítico con una advertencia que ha reabierto la caja de los truenos: Rusia, China, Irán y, si se quiere añadir, Corea del Norte están desafiando el orden internacional y podrían arrastrarnos a una tercera Guerra Mundial en el siglo XXI. Lo ha dicho sin ambages: «Las autocracias están conectadas entre sí, actúan conjuntamente». Y ha ido más lejos al vincular la ofensiva en Gaza con los intereses de Moscú, Pekín y Teherán. La frase no es nueva en su discurso, pero llega en un momento en que la política exterior vuelve a estar en el centro del tablero.
La reacción no se ha hecho esperar. En foros como el que nos ocupa, la intervención de Aznar ha sido recibida con una mezcla de escepticismo y memoria histórica. Muchos le recuerdan su papel en la invasión de Irak y las armas de destrucción masiva que nunca aparecieron. «¿Dónde están las armas de destrucción masiva?», se pregunta uno de los intervinientes, resumiendo el sentir de buena parte del auditorio. La sombra del 11-M planea sobre el debate: hay quien sostiene que las declaraciones de Aznar son una confirmación de que sabía de primera mano lo que ocurrió en aquellos atentados.
El orden internacional como eufemismo de sumisión
La crítica más repetida es que el «orden internacional» que Aznar dice defender no es otra cosa que el orden impuesto por Estados Unidos. «Desafiar el orden internacional es no obedecer al matón del patio del colegio», resume una intervención. Otros añaden que si Rusia y China desafían ese orden es porque no se puede construir un orden ignorando al Estado más extenso y al más poblado del planeta. La conclusión que sobrevuela es que el orden internacional, tal como se plantea, es una forma educada de exigir subyugación.
Hay quien va más allá y califica a Aznar de «delegado de prensa de Blackrock», sugiriendo que sus palabras responden a intereses corporativos más que a una visión estratégica. La sombra de la OTAN y su expansión hacia el este también aparece en el debate: «La expansión de la OTAN hacia el Este de Europa no ha contribuido nada a generar inestabilidad», ironiza un participante. La discusión deriva hacia el papel de Estados Unidos en Oriente Medio y las guerras basadas en premisas falsas.
El 11-M y la sombra de la memoria
La mención al 11-M es recurrente. «Este año se cumplen 20 años del 11M, es decir, del cambio de régimen», escribe un interviniente que sostiene que Aznar es un «sionista más». La acusación es grave y se lanza sin pruebas, pero refleja el clima de desconfianza hacia el expresidente. Otros recuerdan que Aznar «llevaba mucho tiempo callado» y que su vuelta a la palestra es una toma de partido en un mundo demasiado complicado para explicarlo en foros públicos.
La figura de Aznar se compara con la de otros políticos como Abascal, a quien se acusa de ser una «escisión del PP sionista». La discusión deriva hacia el papel de la comunidad judía y las acusaciones de sumisión a intereses extranjeros, un terreno resbaladizo que el artículo no puede reproducir sin caer en generalizaciones injustas. Baste decir que el debate está cargado de descalificaciones personales y de una desconfianza profunda hacia las élites políticas.
¿Hacia una tercera Guerra Mundial?
La posibilidad de un conflicto global es tratada con escepticismo. «Si después de dos largos años estamos como estamos es que no hay mucho más que añadir», señala un participante. Otros creen que las armas nucleares actúan como disuasión: «Nukes serios no va a haber porque ellos serían los primeros en pillar». La sensación general es que las advertencias de Aznar forman parte de una campaña de propaganda para justificar el aumento del gasto militar y la sumisión a Estados Unidos.
La discusión también aborda el papel de China y Rusia como potencias revisionistas. Algunos argumentan que su desafío al orden internacional es una respuesta a décadas de humillación y de expansionismo occidental. «El derecho internacional es una forma educada de decirte que obedezcas», sentencia un interviniente. La conclusión, si es que hay alguna, es que el orden internacional no existe realmente porque no se puede construir ignorando a las potencias que lo desafían.
Al final, la pregunta que queda flotando es si Aznar habla como estadista o como vocero de intereses ajenos. Sus palabras sobre una tercera Guerra Mundial pueden ser una profecía o una cortina de humo. Lo que está claro es que el debate sobre el orden internacional está más vivo que nunca, y que las heridas del pasado —Irak, el 11-M— siguen supurando.