Baja por depresión siendo autónomo: la trampa que te hunde
Un autónomo digital lo cuenta con crudeza: lleva años invirtiendo 3.000 euros al mes en formación y posicionamiento, pero una baja por depresión —que el médico no le negaría— lo borraría del mapa. “Todo desaparece”, dice. Los primeros dos meses de prestación apenas llegan a 100 euros netos; al tercero, 700. Mientras, la cuota de autónomos sigue corriendo. El resultado es que cogerse la baja equivale a cavarse la tumba profesional.
El agujero de la prestación por incapacidad temporal
La prestación por incapacidad temporal (IT) para autónomos depende de la base de cotización. Si se cotiza por la base mínima —lo más habitual—, la cuantía es miserable. Un usuario lo resume: “Cotizas por una base de mierda, pagando una cuota de mierda, te dan una mierda”. Pone el ejemplo de quien cotiza por 5.000 euros de base (pagando 1.600 euros de cuota mensual): entonces la prestación sería digna. Pero la mayoría opta por lo mínimo para cuadrar las cuentas, y el sistema castiga esa decisión cuando llega el percance.
El negocio digital no espera: perder visibilidad es morir
En negocios digitales —Fiverr, webs propias, redes sociales—, el posicionamiento se construye con actividad constante. Un autónomo que desaparece dos o tres meses pierde clientes, feedback y tráfico. Reanudar desde cero es casi imposible. Por eso, muchos prefieren trabajar enfermos antes que parar. La ironía es que el Ingreso Mínimo Vital (IMV) puede superar la prestación por IT de los primeros meses, según se quejan en los debates.
Dos mundos que no encajan
“Depresión y autónomo son dos palabras de diferentes diccionarios”, se lee. El trabajador por cuenta propia no tiene derecho a enfermar: la estructura de costes y la precariedad del mercado lo impiden. La única condición para ser autónomo, bromean, es pagar la cuota. Mientras, la burocracia avanza hacia cuotas crecientes —se habla de equipararlas al salario mínimo—, sin resolver el agujero de la protección social.
El dato que descoloca: con lo que algunos autónomos gastan en formación y cuotas, podrían vivir varios meses sin trabajar. Pero la inercia del sistema los obliga a seguir engranados. La baja por salud mental no es un descanso: es una ruina anunciada.