Por qué Meshuggah y At the Gates mandan en el metal del siglo XXI
Que Meshuggah sea la banda más influyente del metal en lo que va de siglo es una afirmación que nadie ha medido. El recuento inicial de este asunto cerró
4-0 a favor de los suecos, y a partir de ahí dejó de ir de gustos y pasó a ir de método. Porque el punto de partida era otro: no se trataba de elegir las mejores bandas del siglo XXI, sino las que más marcaron cómo suena el metal en él. Y ahí entran grupos nacidos en los ochenta y noventa, aunque su huella se note ahora.
Qué cuenta como influencia y qué se queda fuera
Las reglas eran explícitas. Black Sabbath no entra porque su influencia es indirecta: llega a través de tres generaciones de bandas de doom y sludge que ya hicieron el trabajo de primera mano. Tampoco Metallica, Iron Maiden, Venom, Celtic Frost, Bathory, Death, Helloween, Queensryche o Repulsion. El criterio no es la grandeza, sino la distancia entre la banda y el sonido que hoy se hace. Es un filtro brutal y, como todo filtro, discutible.
La lista corta quedó en
nueve nombres. Fuera quedaron Converge, Gorguts, Portal, Deathspell Omega, Botch, Sunn O))), Dissection, Eyehategod, Cryptopsy, Incantation, Fear Factory, Blut Aus Nord, Isis, Opeth, Periphery, Suffocation, Burzum, Entombed, Carcass, Paradise Lost, In Flames, Behemoth y hasta una treintena más.
Meshuggah, At the Gates y el pelotón de cabeza
El argumento a favor de Meshuggah no es solo técnico. Se sostiene que cambiaron la forma de entender el ritmo: polirritmos, afinaciones graves y una mecanización que después copió medio mundo.
Hay quien va más allá y defiende que su influencia desbordó el metal y llegó al rock, la electrónica y hasta la
música clásica. Enfrente pesa lo obvio: treinta años haciendo lo mismo y buena parte del público sigue sin digerir el primer disco.
At the Gates aparece como la alternativa con más apoyos, y no por su catálogo, sino por un disco concreto.
Slaughter of the Soul se señala como origen directo del metalcore y del death melódico mainstream de los dosmiles. La banda sueca no inventó el sonido escandinavo —ahí estaban otros antes—, pero lo dejó en el punto exacto que luego copiaron cientos de grupos.
Gorguts y el death técnico que no se ve
La candidatura de Gorguts se apoya en un dato curioso: buena parte de Obscura ya estaba compuesta entre
1994 y 1995, y se puede comprobar en los directos de la época. Su influencia, se argumenta, recorre todo el death técnico, atmosférico y disonante posterior. Ulcerate, Immolation o Deathspell Omega beberían de ahí. La objeción es de alcance: afecta a un nicho, no a subgéneros enteros.
Fear Factory, Converge y Korn: la puerta de atrás
Otra corriente coloca el foco en los noventa. Fear Factory habría fijado el patrón de versos con voz sucia y estribillos limpios, además de sincronizar riffs y baterías hasta el martilleo. Converge, anteriores a The Dillinger Escape Plan y a Botch, queda para algunos por debajo en influencia real. Y Korn aportaría el molde del que tira buena parte del nuevo metal posterior.
Calculating Infinity, de 1997, se cita como prueba de que la técnica extrema ya estaba sobre la mesa antes de que nadie la llamara djent.
Los que aparecen por el final
Con el asunto ya avanzado, el foco se desplaza. Ahí emergen Nightwish y todo el power metal europeo, Ghost, Opeth, In Flames y fenómenos más recientes como Lorna Shore. También asoman nombres fuera de guion: Evanescence y, en clave española, Mago de Oz. Si el metal melódico de estadio cuenta como influencia o solo como éxito comercial sigue sin respuesta.
Nueve nombres, una treintena de descartes y ningún criterio objetivo para separarlos. El corte entre influencia directa e indirecta es el que ordena la lista y el que la vuelve arbitraria. Con este método, cualquier banda que suene hoy a algo debe su existencia a alguien que sonó antes.