Bankia cobrará 168 euros al año al ahorrador que no invierta
¿Cuánto hay que tener en el banco para que dejen de cobrarle por guardar su propio dinero? Hasta no hace mucho la respuesta era sencilla: una nómina, unos recibos o un colchón abultado en la cuenta. A partir de febrero, el colchón abultado en la cuenta deja de servir en Bankia. La entidad ha comunicado a sus clientes que el
ahorro tradicional deja de eximir de comisiones y que quien quiera seguir sin pagarlas tendrá que contratar
fondos de inversión u otros productos con riesgo. Si no lo hace, le espera la que se presenta como la comisión de mantenimiento más alta del mercado:
14 euros al mes, 168 euros al año.
Las vías clásicas para no pagar comisiones, y la que desaparece
Hasta no hace mucho, casi todas las entidades daban varias puertas de salida. La clásica era domiciliar la nómina, los recibos y pagar con tarjeta. La segunda, dejar una cantidad relevante en cuenta corriente o en ahorro tradicional y no tocarla. Esa segunda puerta es la que Bankia cierra, y la cierra para todos: da igual que el saldo sea de
20 millones de euros. Desde la propia entidad se ha llegado a transmitir al cliente que el ahorro tradicional
les hace perder dinero y que quien quiera irse tiene la salida libre, con carrito incluido según la versión que circula entre los afectados.
El resultado para quien se queda fuera del programa sin comisiones es una factura de
14 euros mensuales, 168 al año, por el simple hecho de mantener la cuenta abierta. La condición que más se repite entre quienes aún cumplen es modesta —dos pagos con la
VISA—, pero el paquete ya no incluye el simple atesoramiento. Y ahí está el cambio de fondo: ya no se premia tener dinero, se premia moverlo hacia productos que dejan margen.
Banca privada desde 75.000 euros: el umbral que se maneja
Queda una tercera vía, la reservada a patrimonios altos. Según un cálculo que circula en el hilo, a partir de unos
75.000 euros el cliente pasa a banca privada y, en general, deja de pagar comisiones. En el hilo esa cifra se considera más bien corta: el listón habitual de la banca privada convencional se sitúa, según un participante, en torno a diez veces esa cantidad.
Traducido al idioma del ahorrador de a pie: el segmento que aquí se etiqueta como privado empieza donde otras entidades todavía piden nómina. El umbral no es una frontera técnica, es una decisión comercial. Y admite revisión.
Por qué un banco prefiere que no le dejes el dinero parado
La explicación que se da desde la entidad es incómoda pero tiene lógica contable: con tipos de interés negativos, el dinero depositado y quieto cuesta dinero al banco. El ahorrador que sólo acumula deja de ser rentable y pasa a ser un lastre. Quien sostiene esa tesis añade que la culpa no es de Bankia, sino de quien fija los tipos y cobra a las entidades por depositar en el banco central.
Lo que se discute es la consecuencia. Si todas las entidades empujan en la misma dirección, el que tiene algo ahorrado acabará con una sola entidad donde no pagar y el que llega justo a fin de mes se quedará sin ninguna. Se recuerda, en ese punto, que la propia entidad fue rescatada con dinero público: la idea de que guardar el dinero en ella sale caro tiene su ironía.
¿Sirve de algo reclamar al Banco de España?
Por regla general, no: el servicio de reclamaciones no obliga a la entidad a cumplir su dictamen. El plazo de respuesta puede estirarse hasta
cuatro meses y, en la práctica, las quejas por comisiones se despachan con una desestimación. El valor real del organismo es otro: un informe favorable al cliente sirve para acudir a los tribunales con garantías. Nada más.
El caso que mejor lo ilustra es el de una cooperativa de crédito que, con una cuenta abierta sólo como soporte de un préstamo, planteó a los dos años al cliente una disyuntiva: comprar participaciones de la entidad o empezar a pagar comisiones. La reclamación correspondiente acabó donde acaban casi todas. Para quien tiene la hipoteca domiciliada y una única cuenta para pagarla, el consejo que circula es insistir cada vez que aparezca el cargo, con la esperanza de que la entidad se canse antes.
Alternativas: banca online, cuenta básica y huida al banco grande
La solución mayoritaria es la más obvia: cambiar de entidad. La banca
online aparece como refugio, con clientes satisfechos mientras no haya incidencias, aunque la otra cara son los episodios de caídas y bloqueos de días que ya han sufrido algunas entidades puramente digitales. En la banca tradicional quedan ejemplos de comisiones bajas:
36 euros al año por tarjeta en alguna de las grandes. Y existe la
Cuenta de Pago Básica, una figura de comisiones reducidas pensada, en teoría, para quien no puede cumplir los requisitos habituales.
Otra corriente propone concentrar el dinero en los tres bancos más grandes: si los pequeños ven escaparse el ahorro, quitarán las comisiones en cadena. Una tercera va más lejos y pide una entidad pública de último recurso, dependiente del Banco de España, para que nadie quede fuera del sistema por no querer contratar productos de riesgo. La objeción a esa idea llega desde el mismo sitio: la tentación política de usar esos depósitos. Y hay barreras prácticas: para sacar
3.000 euros o más hay que avisar con 24 horas de antelación, y algunas oficinas atienden en caja apenas de 8:30 a 11:30.
De Caja Madrid a Bankia: la comisión que ya expulsó a un cliente en 2008
No es la primera vez que una comisión mínima desata una mudanza. Hubo quien canceló su cuenta en 2008 por
1 euro mensual al no mantener 1.000 euros de saldo medio al mes. El detalle tiene gracia: el primer mes que le cobraron tenía 900 euros porque acababa de sacar 6.000 para la entrada de un coche. La comisión ya había hecho su trabajo de selección.
Si el objetivo era sacar del banco al que sólo guarda, la jugada es impecable. La entidad cobra la tarifa más alta del mercado a quien se descuida y retiene a quien firma fondos gestionados por sus propias filiales. El ahorrador, mientras, descubre que su fidelidad tenía un precio y que nadie se lo había advertido.