El festival de Devaragattu, en Andhra Pradesh, enfrenta cada año a vecinos de hasta 11 aldeas en una batalla ritual de palos en la que, según los cálculos que circulan, mueren entre una y tres personas por edición.
La escena se repite cada año en Devaragattu, una localidad del distrito de Kurnool, en el estado indio de Andhra Pradesh. Allí se celebra el festival de Banni, conocido popularmente como la «batalla de los palos». Vecinos de hasta 11 aldeas cercanas se enfrentan cuerpo a cuerpo armados con varas de madera. No es una coreografía: hay heridos y, según los cálculos que circulan, entre una y tres personas mueren en cada edición.
Un ritual con heridos y muertos
La cifra de fallecidos no procede de un registro oficial citado, sino de la estimación que acompaña a la descripción del propio festival. Esa falta de recuento sistemático es parte del problema: un evento multitudinario con palos en alto y sin cifras consolidadas deja a las víctimas en un limbo estadístico.
Los participantes no cobran por ello ni hay premio. Se trata de una tradición religiosa local, y eso explica que se mantenga pese al riesgo. La economía del asunto es la de siempre: el coste sanitario y humano recae en las familias y en un sistema público ya tensionado, mientras el beneficio es simbólico.
Tradición frente a seguridad
Suspender el festival choca con la identidad de las aldeas que lo sostienen. Prohibirlo sin más tampoco resuelve nada: la práctica se trasladaría a otro formato o a otra fecha. Lo que sí está en manos de las autoridades es el registro riguroso de heridos y fallecidos, y protocolos mínimos de atención en el lugar.
Mientras eso no ocurra, la cifra de una a tres muertes anuales seguirá siendo una estimación. Y una estimación no sirve para exigir responsabilidades ni para diseñar políticas de prevención.
Lo que no dice el recuento
Conviene tomar esa horquilla con cautela: no hay un organismo citado que la certifique. Si el dato se repite, es porque nadie lo ha desmentido con cifras propias. En asuntos de salud y seguridad, la ausencia de registro no equivale a ausencia de daño; simplemente lo vuelve invisible.