Un vídeo destapa en Bilbao ayudas a quien no cotizó jamás: dentista incluido
Las imágenes circulan con fuerza: un hombre de origen magrebí cuenta ante la cámara que recibe en Bilbao una batería de ayudas públicas sin haber cotizado un solo día. La lista incluye dentista, oculista, cursos gratuitos con cifras que rondan los 1.000, 900, 800 y 500 euros, el Ingreso Mínimo Vital de 800 euros y 400 euros mensuales para el piso. El vídeo ha vuelto a encender una discusión que nunca se apaga del todo: ¿debe el Estado sostener a quien no ha aportado nada?
La contabilidad de las prestaciones, partida a partida
El detalle de las ayudas es lo que da combustible al debate. Sumando las partidas, las cifras superan con holgura el salario mínimo de muchos trabajadores que sí cotizan. El argumento recurrente: hay quien sostiene que la generosidad del sistema invita a la picaresca; el contrapeso, que la cuantía no se puede confirmar y que el propio vídeo podría estar mediando una manipulación. La discusión se puebla de acusaciones cruzadas: desde la sospecha de que sea un montaje con fines políticos hasta la respuesta de que nadie ha desmentido los hechos con pruebas.
El pulso entre la denuncia y la verificación
La misma difusión del vídeo ha llevado a que se nombre a los verificadores de referencia: Maldita, Newtral y el programa de Cintora. Se da por hecho que terminarán pronunciándose, pero a la hora de esta discusión aún no hay dictamen público. Mientras tanto, las posiciones se adivinan: los que dan crédito al vídeo, los que lo descartan por bulo y los que, sin entrar en la autenticidad, rechazan que alguien viva de ayudas sin trabajar. Hay quien incluso aventura qué pasará el día que dejen de llegar las paguitas: trabajar, volver a su país o invitar a los contribuyentes a compartir lo poco que queda.
La pregunta queda abierta: si el sistema puede sostener a quien no ha aportado nada, ¿qué dice eso de los que sí cotizan? Y si el vídeo es falso, ¿por qué hay tantos dispuestos a creerlo? El único dato seguro es que la factura de la solidaridad sigue siendo un campo de batalla sin tregua.