Bitcoin cae a 33.000 dólares tras el veto de China a sus bancos
¿Cuánto puede aguantar el bitcoin sin el dinero chino? El Banco Popular de
China ha ordenado a las entidades financieras del país que no ofrezcan productos ni servicios vinculados a transacciones con criptomonedas, y el mercado ha respondido con una sacudida que ha dejado al bitcoin rondando los
33.000 dólares y al ethereum peleando por no perder la barrera de los 1.900. Hace apenas un mes, el 12 de mayo, ETH marcaba su récord por encima de los 4.300 dólares; a mediados de abril, bitcoin rozaba los 65.000. La corrección semanal supera el 19% en BTC y roza el 22% en ETH, con Dogecoin dejándose un 14% en apenas 24 horas.
Lo llamativo no es la prohibición, que lleva años anunciándose. Lo llamativo es que esta vez se han sumado a ella el Postal Savings Bank, el Agricultural Bank of China y hasta la plataforma de pagos Alipay. A eso se añade el cierre de varias granjas de minería en la provincia de Sichuan, con estimaciones que apuntan a la desaparición del
90% de la actividad minera china a corto plazo.
¿Por qué China prohíbe ahora las criptomonedas?
El movimiento encaja en una estrategia más amplia: Pekín empuja su propio yuan digital y no quiere competencia descentralizada en su mercado interior. La lectura más repetida entre los analistas es que la medida busca concentrar el control monetario antes de que el yuan digital gane tracción. El problema, señalan las voces más escépticas, es que prohibir la operativa a los bancos no equivale a apagar la red: los usuarios con conocimientos básicos siguen encontrando la forma de operar al margen.
Hay quien recuerda que decisiones «definitivas» como esta se vienen sucediendo desde 2013 sin que el activo haya desaparecido. La diferencia de esta ronda es el efecto combinado sobre la minería: si el 90% del hashrate chino se apaga o emigra, el ajuste de dificultad y el reparto geográfico del poder de cómputo pueden reordenarse durante meses.
La caída del 20% que no es una caída del 60%
La magnitud del desplome invita a la ironía. En ciclos anteriores, un anuncio de este calibre provocaba hostias del 60% en cuestión de días. Aquí, el acumulado semanal se queda en torno al 20%. Para una parte del mercado, eso indica que el activo ha madurado y que el peso del inversor institucional amortigua los golpes regulatorios. Para otra, simplemente refleja que el grueso de la corrección ya se había descontado antes de que Pekín moviera ficha.
El detalle que más incomoda a los tenedores es la dependencia estructural: diez mil monedas distintas moviéndose al son del bitcoin. Cuando el abuelo estornuda, el resto se resfría. Es un argumento recurrente contra la supuesta diversificación del sector.
Mineros, gráficas y el efecto colateral en el hardware
El cierre de granjas en Sichuan abre una pregunta recurrente: ¿habrá por fin tarjetas gráficas a precio razonable? La respuesta corta es no. La escasez de chips afecta a todo el sector y las nuevas generaciones tardarán en llegar. Además, bitcoin ya no se mina con GPU; eso es cosa de ethereum y otras redes. El alivio para el jugador de a pie no vendrá por aquí.
¿Está manipulado el mercado del bitcoin?
Aquí el desacuerdo es total. Una corriente sostiene que el bitcoin es libre mercado en estado puro, y que ningún Estado puede pararlo: prohibir su uso a nivel minorista es irrelevante porque las barreras se esquivan con facilidad. La corriente opuesta responde que la inyección monetaria masiva de los últimos años ha acabado en activos especulativos, y que un mercado que se mueve al ritmo de estímulos y tuits no es precisamente el paraíso descentralizado que prometía el whitepaper.
La discusión deriva hacia el origen. Que el creador siga siendo un seudónimo alimenta todo tipo de teorías, desde el genio anarquista hasta el proyecto de agencia estatal. La falta de una cara verificable, argumentan algunos, es la mejor prueba de que el relato fundacional es un cuento.
El patrón que se repite: comprar alto y vender bajo
Entre los testimonios de pérdidas aparece el clásico: quien entró tarde, vio caer su inversión un 90% y aguantó sin vender. La lección que se extrae no es nueva: el riesgo no está solo en elegir la moneda, sino en el momento. Y el momento, en un mercado que se mueve por titulares regulatorios, es casi imposible de acertar.
La conclusión, si es que hay alguna, es incómoda para todos. El bitcoin no ha muerto, pero tampoco es inmune. China no lo ha matado, pero le ha recordado quién manda en el dinero. Y el resto del mercado sigue esperando a que alguien, en algún despacho, decida qué se puede y qué no se puede comprar con él.