Reformar el baño con microcemento sobre Pladur: 8.000 euros y sin picar azulejos
Reformar un baño tiene dos caminos y solo uno está de moda. El tradicional: paleta, azulejo y una mañana de cemento. El otro: cubrir con
microcemento las paredes y un mueble de Pladur, sin levantar un solo azulejo viejo, con una capa final de apenas 2 milímetros. El presupuesto de una de estas reformas, contado al detalle, se cerró en
8.000 euros. Lo polémico no es la cifra. Es todo lo que se discute alrededor del material.
Qué es el microcemento y cómo se aplica sobre el azulejo
El planteamiento es sencillo sobre el papel. Se levanta una estructura a modo de mueble de baño con Pladur —el hidrófugo, el específico para zonas húmedas— que además sirve para sortear las irregularidades de una pared irregular. Encima se extiende microcemento, un revestimiento continuo que se aplica por capas y se sella con barniz. Sobre las paredes ya alicatadas se salta la obra: capa de masilla, una malla especial y el producto por encima, con un espesor que no pasa de
2 mm.
Quien defiende esta vía insiste en un detalle técnico: el microcemento con capa de imprimación queda impermeable y se puede fregar hasta con lejía. El que va sin imprimación se trata como una pared de casa, paño húmedo y poco más. Por eso el suelo del baño, una banda a modo de zócalo y el hueco de la ducha sí llevan imprimación, mientras el resto de paredes no. Es la diferencia entre un cuarto de baño y una ducha.
El presupuesto: 3.700 euros de mano de obra y 4.300 de materiales
La mano de obra y parte de los suministros —mortero, Pladur y los tubos de la instalación eléctrica— sumaron
3.700 euros. El resto de compras, a cargo del propietario, subieron a
4.300 euros: unos 2.000 el microcemento, 480 el inodoro, 200 el plato de ducha y, de ahí en adelante, grifos, espejo, baldas, bisagras, llaves de escuadra, mamparas y un largo etcétera. El total, redondo:
8.000 euros.
Con un arquitecto y un albañil de confianza en la ecuación, el desglose completo, partida a partida, explica mejor que ningún folleto por qué el microcemento deja de parecer barato en cuanto se suma todo.
Pladur en el baño: la objeción que no se calla
Aquí arrancó la bronca. Buena parte del hilo sostuvo que meter Pladur en un cuarto de baño es pan para hoy y hambre para mañana, que ni el verde ni ningún otro color salva un material pensado para lo seco. La respuesta técnica del propietario: al Pladur se le coloca fibra de vidrio con resina más tres capas de cemento, y queda bastante resistente. Aun así, admite él mismo, sigue siendo Pladur y conviene que no le caiga encima un martillo.
La réplica a la duda de las fisuras es la de las juntas. Al tratarse de piezas pequeñas, a modo de estantería y recovecos, no hay juntas de dilatación que se abran. La malla, en su caso, sirve para reforzar y mejorar la adherencia.
¿Cuánto dura el microcemento y cuántas veces hay que lijarlo?
El barniz mate ya está aplicado sobre el microcemento. Falta instalar sanitarios, radiador, mampara y grifos. La pregunta incómoda es la de siempre: ¿y dentro de diez años? La defensa pasa por un mantenimiento mínimo. Un lijado superficial con lija de grano alto —más de 200— para quitar la suciedad acumulada y volver a barnizar. Según este cálculo, la superficie aguantaría ese ciclo
hasta cinco veces sin problema. Comparado con un alicatado, cuyo lechado de juntas se acaba cambiando cada dos décadas, el argumento tiene su lógica.
El azulejo de siempre como rival
En la otra esquina está la vía clásica, y no se corta. Quien la defiende sostiene que azulejar encima de los azulejos actuales con un adhesivo específico se hace en un día, sin polvo, sin lijado y sin capas intermedias. Y lo dice sin rodeos: el microcemento no aporta una sola ventaja, es más caro, más sucio y más lento. Como prueba de fondo, la experiencia doméstica de un chalet con
más de 40 años y el alicatado original intacto en los baños.
Frente a eso, la réplica es casi filosófica: el azulejo se acaba, el microcemento se renueva. Depende de a quién se le pregunte.
¿Revaloriza un baño de microcemento?
Otra pelea fue la del valor de la vivienda. Un baño así revaloriza poco de cara a una tasación, dicen los escépticos: manda el sitio y los metros. La contrarréplica rebaja la cifra a ceniza:
10.000 euros arriba o abajo son una horquilla de regateo, quince euros más o menos al mes en la cuota de la hipoteca, sostiene el propietario. El precio de un piso no es un valor de mercado cotizado, añade, es un registro único que cambia una vez cada veinte años.
El barniz mate ya está dado y las repisas de la ducha, con su caída para que no se forme charco, prometen no oxidarse nunca. Con todo, la pregunta sigue en el aire: ¿resistirá ese acabado continuo el paso de los años, o el baño acabará pidiendo azulejo otra vez?