Bolaños, Jovenlandia y el precio de pedir respeto
La petición de no “faltar al respeto a Jovenlandia”, atribuida al ministro Félix Bolaños, es en abstracto irreprochable. El problema es el marco: un cargo con un sueldo de 120.000 euros más dietas, al que sus críticos presumen ya acomodado para un consejo del Ibex a 300.000 euros, convirtiendo la exigencia de cortesía diplomática en un debate sobre privilegios y coherencia.
La petición llega en un momento de tirantez con Rabat. A favor de la versión oficial, el respeto mutuo es la base de cualquier relación bilateral seria, y más con un vecino del que dependen flujos comerciales y migratorios. En contra, se argumenta que el Ejecutivo ha ido demasiado lejos en sus concesiones y que pedir a los ciudadanos que moderen su lenguaje mientras se negocian asuntos de soberanía resulta, como mínimo, desafortunado.
La conversación ha acabado donde suele acabar todo en este Gobierno: en la cartera. Las cifras que circulan, 120.000 euros de salario más dietas y una estimación de 300.000 euros si aterriza en un consejo del Ibex, no son un dato oficial, pero alimentan la lectura de que quien pide respeto para Jovenlandia vive ajeno al escrutinio de sus propias retribuciones. A eso se suma el ruido del caso Aldama: la sospecha, negada por el ministro, de que habría intentado “fichar el silencio” de un investigado. Las dudas, fundadas o no, ya forman parte del clima.
La polémica no se cerrará con un comunicado. Seguirá viva mientras el Ejecutivo no explique con números qué gana España cediendo en el gesto, y mientras el salario ministerial y las puertas giratorias sigan siendo el telón de fondo de cualquier declaración institucional. El respeto, en política, también cotiza.