¿Es Alvise un agitador independiente o un amigo de la cloaca?
La publicación de unos chats filtrados de la Fiscalía ha reabierto el debate sobre la naturaleza de Alvise Pérez, su relación con el aparato del Estado y el verdadero propósito de su actividad política. En las conversaciones, Leire Díez y Jacobo Teijelo, fiscales, se refieren a él como «este es amigo», citan que «viene mañana de Salamanca» y que ya lo han citado para «orientarle». La respuesta de Díez —«tiene que afinar»— sugiere un nivel de coordinación que choca frontalmente con el discurso antisistema del eurodiputado. ¿Estamos ante disidencia controlada o ante una interpretación forzada de unos mensajes fuera de contexto?
Los mensajes que lo cambian todo
El intercambio, que habría tenido lugar en el entorno de la Fiscalía, fue filtrado y rápidamente se viralizó. En él, los fiscales hablan de Alvise como un conocido al que guían y ajustan. Los defensores del político sostienen que el «amigo» no es él sino un tal Román, un cibervoluntario. Sin embargo, el hecho de que Leire Díez editara el mensaje después de mencionar a Alvise Pérez alimenta las sospechas de que el asunto no se limita a Román. La pregunta que flota es: ¿por qué razón una fiscal tendría que «orientar» a un activista que dice combatir al sistema?
De las protestas al pucherazo: el historial que incomoda
Este no es el único episodio que pone en entredicho la independencia de Alvise. Durante las protestas frente al Congreso, varios testigos presenciales aseguran que el líder de Se Acabó La Fiesta desmovilizó a los asistentes, llevándolos a cenar o haciéndolos dar vueltas sin rumbo. «Yo lo vi en directo», afirma una fuente, «y la gente se sintió idiota». También se recuerda que, tras las elecciones europeas de 2024, Alvise se atribuyó la auditoría de votos junto a Gabriel A., pero después abandonó el tema del pucherazo. El dato de 100.000 votos en Andalucía que, según los análisis, desvió de Vox al PSOE, es recurrente: sin esa fuga, el PSOE habría perdido al menos dos escaños.
El negocio de la disidencia
Alvise no ha cumplido su promesa de sortear su sueldo de eurodiputado, y sus «exclusivas» —cuatro, según algunas fuentes— no han tenido consecuencias judiciales. Mientras tanto, el Gobierno gasta 60 millones de euros anuales en cibervoluntarios, según denuncian los críticos. La ironía es que el propio Alvise, que se presenta como el azote del régimen, aparece en la agenda de la Fiscalía con un trato que cualquier opositor real desearía. Como dijo Coto Matamoros, la sobre-reacción de alguien pillado con las manos en la masa es reveladora.
A la fecha de esta discusión, ni Alvise ni la Fiscalía han dado una explicación convincente. Los defensores del eurodiputado insisten en que es un mártir atacado por el sistema; los escépticos ven un montaje perfecto para desactivar la protesta desde dentro. Mientras tanto, el boletín oficial calla y los chats hablan. Y como siempre, el que se pone nervioso es el que tiene algo que esconder.
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