E. coli en la Costa del Sol: los vertidos sin depurar hunden el verano turístico
La noticia ha caído como un jarro de agua fría en plena ola de calor: varias playas de la Costa del Sol han sido cerradas al baño por presencia de Escherichia coli. El anuncio, recogido por Diario Sur, no prohíbe ir a los chiringuitos ni tumbarse en la arena, pero desaconseja meterse en el agua. Con temperaturas que superan los 40 grados, la paradoja es cruel: tienes el mar delante, pero no puedes refrescarte.
El origen del brote: depuradoras que no dan abasto
Las causas apuntan a dos frentes. El primero, y más señalado, es el colapso de las estaciones depuradoras de aguas residuales. Con una población permanente de unos dos millones de habitantes en la provincia de Málaga, a los que se suman millones de turistas en temporada alta, las infraestructuras están al límite. Los emisarios submarinos, que deberían verter el agua tratada mar adentro, están lanzando directamente efluentes sin depurar. Cuando las corrientes devuelven esos vertidos a la orilla, el resultado es un caldo de cultivo bacteriano.
¿Puede la E. coli sobrevivir en el mar?
Una de las preguntas recurrentes es cómo una bacteria típica de aguas fecales puede mantenerse en un medio salino. La explicación está en que los vertidos no son puntuales: si un emisario vierte contaminación de forma continua, las bacterias se acumulan y forman biopelículas que las protegen. Además, estudios citados en National Geographic señalan que cepas de E. coli pueden sobrevivir varios días en agua de mar si las condiciones de salinidad y temperatura son favorables.
El impacto turístico y económico de las playas cerradas
El cierre al baño supone un golpe para la imagen de la Costa del Sol, destino que recibe millones de visitantes cada verano. Aunque las autoridades insisten en que se puede ir a los chiringuitos y pasear por la arena, el atractivo principal del litoral –el baño– queda desactivado. Los establecimientos hosteleros temen una caída en picado de la afluencia, mientras que las piscinas públicas también han registrado episodios similares de contaminación. Quienes pueden, se refugian en piscinas privadas: una brecha más entre quienes tienen chalet y quienes dependen de lo público.
Las dos corrientes de opinión: negligencia administrativa vs. crecimiento desbocado
Entre quienes analizan el fenómeno, hay dos diagnósticos principales. Un sector sostiene que el problema es la falta de inversión en depuración: las instalaciones están obsoletas y no se amplían al ritmo de la construcción de nuevos hoteles y viviendas. El otro apunta a la presión demográfica y turística como causa última: la Costa del Sol ha crecido sin control urbanístico y sin planificación hídrica. Ambos coinciden en que, a medio plazo, la cifra de dos millones de habitantes estables más la población flotante es insostenible para el actual sistema de tratamiento de aguas.
El escepticismo también aflora: algunos dudan de que la bacteria pueda alcanzar niveles peligrosos en el mar y sospechan de una sobrerreacción interesada, una «plandemia» contra el turismo. Sin embargo, los análisis microbiológicos realizados por las autoridades sanitarias confirman los niveles elevados de E. coli.
Al final, el bañista se queda sin playa, el camarero sin clientes y el turista sin chapuzón. Mientras las depuradoras no se modernicen, el Ganges mediterráneo seguirá siendo una amenaza bacteriológica para el veraneo.