Oscar Puente cruza la línea: llama al Rey «ignominia» y agita la república
Hay ataques que nacen con destino de hemeroteca. El del ministro Oscar Puente, vertido en X (antes Twitter), tiene todas las papeletas: llamó «absoluta ignominia» al comportamiento de Felipe VI y remató con un «República ya» que ha encendido todas las alarmas. El episodio corre desde hace menos de un día por las redes y ya tiene dos lecturas enfrentadas. La primera, que es un exabrupto personal. La segunda, que es un movimiento pactado con la dirección del PSOE en plena tormenta judicial. El Confidencial lo recogía tras un muro de pago, pero el mensaje no necesita más difusión: los tuyos lo aplauden, los otros lo usan como munición.
¿Un exabrupto o una maniobra meditada?
El contexto no invita a la improvisación. El ministro de Transportes tiene sobre la mesa un rosario de frentes abiertos, y en la red hay quien sostiene que este ataque a la Corona no puede ser fruto de la inocencia. «Esto debe estar pactado con el gran jefe del partido»: la frase resume una hipótesis que recorre los análisis del debate. Si es así, no sería la primera vez que se usa a un miembro del Gobierno como ariete para desviar la atención de otras causas. El problema es que, para muchos, el coste político supera al beneficio: da alas al republicanismo justo cuando el Ejecutivo necesita estabilidad.
Los 46 muertos que vuelven a escena
La polémica institucional, sin embargo, choca con otra polémica de mucho más calado. Mientras Puente pide república, sus críticos le recuerdan que, según el relato que circula, acumula 46 muertes por negligencia grave y más de 150 heridos en un desastre del que habría sido responsable en su etapa actual. Sea cierto en los términos exactos o haya matices, el reproche se ha convertido en un mantra: un ministro con esas acusaciones sobre la espalda no debería estar marcando la agenda republicana. La exigencia de dimisión ha vuelto a circular con fuerza, y no solo desde la oposición, sino entre quienes ven al ministro como un cadáver político en precampaña.
El asunto tiene un fondo que va más allá del rating: si el debate republicano se mezcla con la responsabilidad de un cargo público, el gobierno pierde el control del relato. Se recuerda que el poder judicial no ha cerrado el caso, y los frentes abiertos se acumulan.
Monarquía o república: la pregunta que sigue incómoda
El «República ya» de Puente no resuelve, sin embargo, el debate de fondo. Entre los que analizan la cuestión con más distancia aparece una distinción incómoda: sustituir la Monarquía por una república no cambia automáticamente los contrapoderes. Hay quien argumenta que el problema no es la Jefatura del Estado, sino un sistema que permite a un presidente sin mayoría parlamentaria sostenerse en el poder sin contrapesos eficaces. En ese esquema, la Corona sería solo la punta del iceberg, y un cambio de forma de Estado sin reforma constitucional profunda, un mero cambio de decorado.
Tampoco faltan los que recuerdan que la última república española acabó como acabó, y que la institución monárquica, pese a sus episodios turbulentos, sigue teniendo un encaje constitucional que no se modifica con un tuit. El debate queda abierto, y con él una ironía: quien pide república desde el Gobierno es, precisamente, quien más está haciendo por abrir esa herida sin ofrecer un plan de viabilidad institucional.
Y mientras tanto, el dato que descoloca: la exigencia de dimisión no la firma la Casa Real, sino los mismos que aplaudieron su salida de la Monarquía. Puente ha logrado lo que pocos: unir a monárquicos y republicanos en la incredulidad.