Una inmigrante rumana y el escándalo de llamarla racista
En las últimas horas ha circulado un vídeo de una mujer rumana que dice que la llaman racista por criticar la inmigración irregular. La frase, literal, ha desatado un aluvión de reacciones. Hay quien aplaude que una inmigrante rompa el silencio; hay quien la acusa de echar leña al fuego; y hay quien, con frialdad, recuerda que, siendo caucásica, lo que recibe es xenofobia, no racismo. El matiz no es menor en una conversación donde las etiquetas se lanzan a la velocidad de un clic.
Racismo y xenofobia: el matiz que se pierde
La distinción parece de diccionario, pero importa. El racismo se basa en la raza; la xenofobia, en el rechazo al extranjero. Una mujer de Rumanía no es discriminada por su color de piel en el contexto europeo, sino por su origen. Quienes la defienden señalan que el calificativo de racista se ha convertido en un comodín para desactivar cualquier crítica a la inmigración. Quienes la atacan creen que, con ese mensaje, está haciendo el juego a quienes quieren una inmigración blanca y selectiva.
La inmigración regular como premisa incómoda
El trasfondo del vídeo es la distinción entre inmigración regular e irregular. La chica defiende que la inmigración legal es buena y necesaria, y que el problema está en los que llegan sin papeles. Para algunos, es la postura más razonable. Para otros, es una trampa: sentar la idea de que existe una inmigración de primera y otra de segunda, o peor, blanquear el sistema. Las cuentas no salen para nadie, y la discusión se atasca en la forma, no en el fondo.
¿Es posible hablar de inmigración sin que llamen racista a alguien? ¿Y criticar el tono de un vídeo sin que parezca un ataque a quien lo protagoniza? De momento, el único consenso es el ruido.