San Fermines: miles corean "Pedro Sánchez hijo de puta" y la paradoja del voto
¿Por qué en las calles de Pamplona miles de personas insultan al presidente, pero luego en las urnas el PSOE aguanta? La pregunta flota cada vez que un video viral muestra a la multitud coreando "Pedro Sánchez hijo de puta" durante el chupinazo de los San Fermines. No es la primera vez que la fiesta se tiñe de protesta política, pero la escena tiene un matiz que va más allá del jolgorio.
El video, grabado desde la plaza Consistorial, muestra a una marea de pañuelos rojos y blancos. Según algunas estimaciones, el 70% de los asistentes coreaban la consigna, mientras otro grupo intentaba contrarrestarla con gritos a favor de la izquierda abertzale. La secuencia ha reavivado un debate recurrente en la sociología electoral española: ¿el que insulta en la calle vota luego al partido al que insulta?
Los paralelismos con la era de Felipe González son inevitables. Quienes siguen la política desde hace décadas recuerdan cómo el entonces presidente era abucheado en plazas y manifestaciones, y sin embargo ganaba elección tras elección. "La mayoría de los que cantan eso votan al PSOE", resume una corriente de análisis. La explicación sería que la bronca callejera es un desahogo que no modifica la lealtad de voto, especialmente entre votantes tradicionales que critican la gestión pero no se plantean la abstención ni el cambio de papeleta.
Frente a esta interpretación, otra apunta a que el perfil de los asistentes a San Fermines incluye a un sector independentista vasco que, históricamente hostil al Estado, ahora encuentra en el gobierno de coalición un aliado incómodo. Antes críticos con el PSOE, hoy serían su sostén parlamentario. La imagen del abrazo del oso: quienes antes eran adversarios pasaron a ser apoyos del gobierno español, en palabras de un comentario.
Sea cual sea la causa, el video no ha generado reacción oficial. Moncloa guarda silencio. Tal vez la respuesta esté en esa vieja ley no escrita: en España el insulto es gratis, pero el voto se cobra en la intimidad del cubículo.