Colón reúne 25.000 personas y la derecha se queda sin foto
¿Cuánta gente cabe en la plaza de Colón cuando el convocante es una plataforma cívica y no un partido? La respuesta oficial la dio la Delegación del Gobierno en Madrid: unas
25.000 personas. La organización elevó la cifra hasta
200.000. Entre esos dos números, tan elásticos como de costumbre, se libró una batalla que no iba de aforo sino de relato: 129 asociaciones agrupadas en la llamada «Plataforma por la España Constitucional» convocaron una manifestación para pedir la dimisión de Pedro Sánchez y la convocatoria inmediata de elecciones generales. Dirigentes del PP y de Vox acudieron, soltaron sus discursos y se marcharon. Y ahí empezó el problema.
El pinchazo que no se sostiene con fotos de archivo
La primera línea de fuego fue la comparación. Frente a la imagen oficial de una plaza llena, circularon fotografías que
The Objective y
La Razón habrían publicado como si fueran del día: una de la plaza de Cibeles correspondiente a 2023 y otra de una manifestación en pandemia, con mascarillas visibles. El detalle no es menor. Cibeles y Colón no son el mismo sitio ni están a un paso: entre ambos puntos media todo el paseo de Recoletos, de modo que unirlos en una sola marcha exigiría una marea humana difícil de disimular.
Hay quien sostiene que el error fue una simple confusión de archivo. En contra pesa que el material reutilizado venía con fecha y lugar distintos, y que la corrección llegó después de que las imágenes ya hubieran circulado. La consecuencia práctica es que la manifestación contra Sánchez acabó discutida menos por su tamaño que por la trazabilidad de sus fotos.
¿Por qué el PP y Vox no llenan la calle como antes?
El segundo frente fue la ausencia. La convocatoria era cívica, pero los partidos pusieron a sus dirigentes y no a su electorado. Ese es el diagnóstico que se repite: los votantes del PP y de Vox se habrían cansado de manifestaciones que no cambian nada, y la prueba estaría en que la concentración no se tradujo en una movilización equivalente a la que ambos partidos lograron en otras épocas. La pregunta sobre dónde estaba el líder del PP, ausente de la foto, circuló con más fuerza que cualquier consigna.
El contraste con el otro lado del tablero se planteó de inmediato: una convocatoria en Bilbao habría reunido, según el cálculo que se maneja, diez veces más gente. La comparación no es neutral —mide cosas distintas en territorios distintos— pero sirve para lo que sirve: para recordar que la capacidad de convocatoria es hoy un activo en disputa.
El voto de Madrid que no se moviliza un sábado
Aquí entra el dato que descoloca. En Madrid hay más de un millón de votantes que en 2024 respaldaron a PP, Vox o la agrupación «Se acabó la fiesta», y que en 2019 se repartían de otra manera. Los resultados por partido en la comunidad muestran el vuelco: el PP pasó de 715.871 votos (22,15%) a 1.131.527 (40,69%), mientras el PSOE cayó de 1.043.827 (32,3%) a 782.765 (28,15%). Vox bajó ligeramente, de 319.443 a 298.285. Podemos se despeñó de 413.228 votos a 123.946, y Ciudadanos desapareció prácticamente del mapa, de 589.877 a 30.641.
Con ese colchón electoral, la pregunta que sobrevuela es por qué no se traduce en presión de calle. La respuesta que se ofrece desde el escepticismo es incómoda:
un sábado por la mañana no es un buen día, y una tarde en Ferraz tampoco parece apetecer. La manifestación de Colón, vista así, no fue un fracaso de convocatoria sino un éxito de comodidad.
La pelea interna del PP que tapa la manifestación
Mientras la plaza se vaciaba, la atención se desplazó al partido. Se habla abiertamente de que a Feijoo le están moviendo la silla, y de que el congreso del PP será otra puesta en escena de unidad hacia un líder que, según se comenta, arrastra hastío. La hipótesis que circula es que el sector que lo colocó ahí no va a renunciar a su candidato, y que la disputa entre familias se librará de forma sorda durante meses.
El cálculo más cínico, y por eso mismo el más repetido, es que el actual presidente del PP preferiría no ganar: gobernar con Vox y con los números actuales sería un problema mayor que seguir en la oposición. Es una hipótesis, no un hecho, pero explica por qué la manifestación se leyó como un acto de obligación más que de convicción.
Corrupción: la comparación que nadie gana
El tercer eje del debate fue el pasado. Se sostiene que la corrupción del PP no tiene parangón con la del PSOE, y se cita el caso Gürtel como prueba de una escala que, según esta versión, aún no se ha alcanzado en los casos que afectan al Gobierno actual. La respuesta desde el otro lado invierte el argumento: los casos que salpican al PP serían calderilla comparados con lo que se investiga ahora, y la matraca de la corrupción antigua serviría para tapar lo presente.
Ninguna de las dos partes tiene la razón cerrada, y el dato relevante es que las dos usan el mismo manual. La corrupción funciona como arma arrojadiza, no como problema a resolver.
Al final, la manifestación de Colón dejó tres cosas: una cifra oficial de 25.000 personas, dos fotos de archivo mal etiquetadas y un partido que no sabe si quiere ganar.
Broootal, desde luego.