Esqueletos de hormigón: el ladrillo zombie vuelve a ser negocio
Casi dos décadas después de quedarse a medio construir, los esqueletos de hormigón que salpicaron la geografía española han resucitado. La demanda de vivienda y la llegada de trabajadores atraídos por las oportunidades laborales han convertido los restos de la burbuja en activos que se revalorizan al doble o al triple. Los ejemplos ya no son anécdotas aisladas.
De la ruina al rendimiento: dos casos con números
La Ciudad Ros Casares, en Valencia, es el caso más claro. Aquellos lofts que se llegaron a ofertar por casi 200.000 euros en plena burbuja acabaron en manos del banco. Hacia 2017, la entidad los puso a la venta por unos 70.000 euros. Hoy se venden a más del doble. En otras zonas, la misma historia con otros protagonistas: esqueletos terminados como lofts que se vendieron por 50.000 o 60.000 euros hace unos años y que ya duplican ese precio.
Del otro lado del país, el rascacielos Intempo, abandonado durante 15 años, es ahora referencia turística en Benidorm. Y el proyecto Nueva Valdeluz reanuda su desarrollo para ampliar suelo residencial. El fotógrafo José Hinojosa Corbacho inmortalizó estos esqueletos en su serie 'Esqueletos de Hormigón'. Dos décadas después, sus protagonistas han cambiado de papel: ya no son ruinas, sino promesa de rentabilidad.
Los riesgos de comprar un esqueleto
No todo el mundo lo ve tan claro. Las estructuras levantadas a toda prisa durante el milagro económico no se caracterizaron por su calidad, y el abandono durante casi dos décadas puede haber dañado elementos que nunca llegaron a cubrirse. Tampoco conviene olvidar que, al lado de cada obra recuperada, suele levantarse otra que puede quedarse a medias en la siguiente crisis. El país como Sísifo, con el ladrillo de vuelta a la colina.
La pregunta que nadie resuelve es hasta dónde aguantará esta segunda vida. Cuando el péndulo vuelva a girar, los esqueletos del próximo ciclo ya estarán esperando.