EEUU arma a Marruecos con HIMARS y la pregunta es si alcanzan Madrid
Circula con fuerza la tesis de que Washington ha dado luz verde al suministro de lanzadores HIMARS a Marruecos. El dato se ha difundido con el énfasis propio de un parte de guerra: un sistema con capacidad para colocar un proyectil a cientos de kilómetros, y desde el norte de África hasta Madrid. La verificación de ese alcance, sin embargo, no es unánime. Hay quien ha tirado de mapa y asegura que no llega; hay quien responde que la distancia se acorta si se mira la munición y la posición de lanzamiento.
El alcance de los HIMARS: ¿llega o no llega?
La pregunta no es trivial. El HIMARS es una plataforma de artillería que dispara distintos tipos de proyectil, y ahí reside la clave del desacuerdo. Quienes rebajan la alarma recuerdan que el sistema no es un misil balístico intercontinental: su radio de acción depende de qué munición lleve. Quienes la elevan señalan que, con la variante adecuada y con una posición avanzada, el mapa cambia por completo. Las dos comprobaciones circulan al mismo tiempo y ninguna ha aclarado la versión exacta que recibiría Marruecos.
El matiz importa porque está en juego algo más que un cálculo de distancias: hay quien sostiene que la mera presencia de la plataforma altera el equilibrio estratégico en el Mediterráneo occidental, y hay quien lo despacha como un gesto sin capacidad real de fuego. Mientras tanto, se recuerda un detalle prosaico: Estados Unidos tiene compromisos de suministro con Ucrania e Israel, y no es obvio que tenga excedentes para armar de verdad un nuevo frente.
El informe de abril que encendió las alarmas
La preocupación no nace exclusivamente de la noticia de los lanzadores. El 30 de abril, el Committee on Appropriations de la Cámara de Representantes aprobó un informe con un apartado que ofrece apoyo explícito a las reivindicaciones territoriales de Marruecos sobre Ceuta y Melilla. El dato tiene miga: los 35 congresistas republicanos del comité votaron en bloque a favor, y lo mismo hicieron los 27 demócratas. Nunca antes, según las lecturas que se hacen estos días, Estados Unidos había dado un paso institucional de este calado sobre las plazas españolas.
El gesto de Washington, además, llega en un momento en que la relación económica entre Madrid y Rabat es de máxima interdependencia. España es el mayor socio comercial de Marruecos, y cualquier escenario de confrontación tendría un coste inmediato para ambos lados del Estrecho: comercio, energía, flujos migratorios y estabilidad de las líneas marítimas. La ironía del asunto es que el ruido sobre los misiles se centra en el alcance, cuando el verdadero alcance del problema es presupuestario y comercial.
El coste económico del ruido de sables
En el plano económico, la noticia funciona como una prueba de tensión. La sola perspectiva de que Marruecos disponga de una capacidad de fuego que pueda proyectarse sobre Madrid ha disparado lecturas catastrofistas, desde caídas de precios inmobiliarios en el sur peninsular hasta operaciones de sabotaje sobre infraestructuras críticas. Son escenarios extremos, pero revelan lo que hay debajo: la confianza en la seguridad de un socio puede desinflarse más rápido que la distancia entre un lanzador y un objetivo.
El detalle que descoloca: el respaldo de Washington a las tesis marroquíes no llegó por la vía de defensa, sino por un comité de presupuestos. Esta vez, el arma más potente no es el misil, sino la señal política de quien controla el dinero.