La receta del ‘coloconcillo’ perfecto: lorazepam, cerveza y tabaco
La automedicación con ansiolíticos combinados con alcohol se ha normalizado hasta el punto de tener nombre propio: el ‘kit del fijo-discontinuo’. En conversaciones informales, usuarios describen con precisión la dosis ideal – “media cerveza, medio lorazepam y un Ducados” – para alcanzar un estado de “tranquileo” controlado. Lo que para algunos es un pasatiempo inofensivo, para otros es una bomba de relojería.
Los riesgos reales de la mezcla
Las benzodiazepinas como el lorazepam son depresores del sistema nervioso central. El alcohol potencia sus efectos hasta multiplicar el riesgo de sedación excesiva, depresión respiratoria y dependencia. La literatura médica es tajante: no existe un consumo seguro de esta combinación. Sin embargo, la cultura del “saber administrarlo” – como defienden algunos aficionados – minimiza el peligro.
Un patrón que se extiende
El intercambio de experiencias revela que el acceso a estos fármacos es sencillo: recetas de familiares, restos de tratamientos previos o compra sin receta en farmacias de otros países. La falta de control y la banalización del consumo preocupan a los especialistas, que ven cómo crece el número de intoxicaciones en urgencias.
El futuro del ‘tranquileo’
Mientras no se endurezcan los mecanismos de dispensación y la educación sanitaria, este cóctel seguirá siendo popular entre quienes buscan un respiro rápido. Pero cuando el cuerpo empiece a pasar factura – y lo hará – el ‘coloconcillo’ pasará de moda. La pregunta es cuántos caerán antes.