Cotizar 35 años no asegura la pensión
Tres décadas y media cotizando a la Seguridad Social. Es el bagaje de una trabajadora que, a menos de seis años de la jubilación, escucha calificar su esfuerzo de «apoyo a la estafa piramidal». La frase no es de un tertuliano, sino de un análisis que gana peso en los debates económicos.
El escepticismo sobre la viabilidad del sistema público de pensiones no es nuevo, pero el argumento de la «pirámide» se ha afilado. Quien lo sostiene asegura que el modelo de reparto solo se sostiene mientras entren más cotizantes que jubilados. Con una demografía envejecida y una base de cotizantes que no termina de despegar, el colapso sería cuestión de tiempo: «Pensión no te va a faltar, por lo menos hasta que quiebre el sistema».
Frente a esta visión, está quien ha dedicado 35 años a un mismo empleo y presume de estabilidad: «De ello vivo al menos… y nada mal». La experiencia laboral larga y continuada se presenta como un privilegio, pero también como un lastre si el sistema falla. La paradoja es evidente: cuantos más años cotices, más expuesto estás a un posible hundimiento.
Entre ambas posturas emerge un matiz: la posibilidad de desactivar el carácter obligatorio del trabajo convirtiendo una afición en sustento. «Yo soy antitrabajo 100% y de mi afición he hecho mi trabajo», explica quien ha encontrado la manera de no depender del relato oficial. Una vía que, admiten, no está al alcance de todos.
El debate sobre las pensiones no se cerrará con esta discusión. Pero el dato de 35 años de cotizaciones y la perspectiva de una quiebra del sistema muestran la distancia entre la confianza institucional y el escepticismo ciudadano. Mientras unos ven un seguro de vida, otros ven una pirámide que ya cojea.
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