Porque les han vendido una narrativa durante 20 años.
La idea dominante fue: "estudia, saca tu título, consigue un trabajo decente, y serás competitivo". Se priorizó el rol de proveedor como valor supremo. Mientras, la dinámica real de las relaciones seguía otras reglas: físico, confianza, estatus social visible, carisma.
El ingeniero medio piensa que su título es un activo de alto valor, cuando en el mercado afectivo es, como mucho, una garantía para una hipoteca a 30 años. Un producto necesario, pero que no genera atracción por sí solo.
Antes, quien no tenía recursos aceptaba su situación porque el marco social era claro: sin patrimonio o oficio, el valor en el mercado matrimonial era bajo. La opción era mejorar (emigrar, emprender) o conformarse.
Ahora, la cultura de la 'autoestima' ha creado un espejismo. Las redes sociales permiten proyectar una imagen de éxito, y el discurso de que "todos somos especiales" ha generado confusión entre potencial laboral y valor personal.
No se dan cuenta de que para una mujer de su edad, un perfil con trabajo normal, poca personalidad y cero habilidades sociales puede resultar poco atractivo. Y la falta de estímulo es un problema en la era actual.
En resumen: recibieron un mapa equivocado del territorio. Y ahora chocan contra la realidad y culpan al entorno, no a la información recibida.
Exacto. Ahí está el núcleo del desajuste.
Quieren el modelo tradicional (pareja joven, atractiva, sin 'historial') pero bajo términos modernos (igualdad económica, independencia). Es decir, buscan los beneficios de ambos mundos sin asumir las contrapartidas.
El problema no es la aspiración. El problema es la falta de autoconciencia sobre la propia posición en el mercado.
Perfil típico: Alopécico, 1.70m, sueldo de ingeniería media, personalidad reservada.
Lo que ofrecen: 'Estabilidad' y 'ser buena persona'. Es decir, lo que ofrece cualquier otro en su misma situación.
Lo que exigen: Mujer en su mismo nivel económico, pero además en forma, sin descendientes, y con disponibilidad afectiva total.
Esa mujer, si existe, tiene muchas opciones. ¿Por qué elegiría a un perfil genérico? Por su 'bondad'? En el mercado afectivo, la bondad sin otros atributos distintivos es difícil de diferenciar.
Antes, quien no cumplía los requisitos tradicionales lo tenía claro: o se conformaba con una pareja de su mismo nivel socioeconómico, o optaba por la soltería. No había foros globales donde validar el victimismo.
Ahora tienen internet. Y en lugar de usar esa herramienta para mejorar (habilidades sociales, ejercicio, desarrollo personal), la usan para construir una narrativa de injusticia y culpar a las mujeres por no valorar su 'verdadero mérito'.
Es como exigir dividendos de una empresa en la que no se ha invertido capital.