Vito Quiles, en busca y captura: ¿persecución o folclore judicial?
La orden de busca y captura contra el periodista y agitador Vito Quiles marca un punto de inflexión en su particular pulso con la justicia. Tras meses ignorando citaciones por causas acumuladas de desobediencia e incidentes en sede parlamentaria, el juzgado instructor activó la requisitoria. Pero la jugada le ha salido cara a la acusación: Quiles se presentó voluntariamente con abogado y la orden se desactivó al instante. El resultado: portadas gratis y un debate que polariza entre los que ven una cacería política y los que creen que él mismo se la buscó.
Un historial de desencuentros con la ley
Quiles, de veintipocos años, acumula expedientes que van desde enfrentamientos con miembros del Gobierno hasta infracciones en el Congreso, donde le retiraron temporalmente la acreditación hace algo más de un mes. La decisión judicial de emitir una orden de búsqueda y captura se produjo al constatar que no había atendido varias citaciones previas. Una medida que, según fuentes jurídicas, es habitual cuando un investigado desaparece del radar, pero que en este caso ha sido leída como un exceso por parte de sus simpatizantes.
Lo curioso del asunto es que, apenas difundida la noticia, Quiles compareció ante el juzgado y la orden quedó sin efecto. «Bastó que se presentara con un abogado para mandar a la puta mierda todo el montaje de la detención», resumía un análisis en la red. El propio Quiles, que ha hecho de la provocación su modus operandi, ha convertido el episodio en un nuevo capítulo de su cruzada contra lo que él llama «el club de los 61 mamporreros del sanchismo».
¿Persecución política o juego procesal?
Las interpretaciones se bifurcan. Por un lado, están quienes consideran que el sistema judicial se está utilizando para acallar a un incómodo comunicador. «Persecución política en toda regla. Estamos llegando a niveles peligrosos», se oye en los corrillos afines. La comparación con otros casos, como el de la actriz Mouliaá o la esposa de Sánchez, Begoña Gómez, es recurrente. «La misma orden le habrían puesto a la Begoña si no hubiera ido», apuntan.
Por el otro, la versión más escéptica: Quiles ha jugado al ratón y al gato con el juez y este le ha parado los pies. «Ha tenido mil oportunidades para recoger las citaciones, ha querido vacilar y el juez le ha parado los pies», sostienen. La orden, en realidad, es un mecanismo administrativo que se anula automáticamente cuando el citado comparece. «No es una búsqueda por delincuente, sino por no ir al juzgado cuando te llama», matizan.
Publicidad gratis: el negocio de la polémica
Hay quien apunta a una lectura más fría: el escándalo le ha regalado una cobertura mediática millonaria. «¿La jueza es consciente de la campaña de publicidad que le ha hecho gratis a Vito?», se preguntan. Quiles vive de los clics en sus vídeos, y aparecer en todas las portadas durante tres días le consigue seguidores y notoriedad. «Es lo que tiene ser un genio de la comunicación», ironizan.
Al final, el episodio se cierra sin detención, pero con un reguero de dudas sobre la proporcionalidad de la medida y la deriva del enfrentamiento entre ciertos actores mediáticos y la judicatura. Mientras unos ven una república bananera, otros ven simple folclore con un joven que sabe perfectamente cómo mover los hilos.
La próxima vez, quizás no se presente. O quizás sí. El juego continúa.