Buzoneo publicitario: ¿vale la pena pagar 800 euros por 10.000 flyers?
¿Cuánto cuesta repartir 10.000 flyers hoy? En Correos, 800 euros. Ocho céntimos por papel que, según quién lo reciba, acabará en la basura o, peor, reubicado en otro buzón. El precio ha escalado de forma notable: en los años 90, un repartidor se llevaba 5.000 pesetas (unos 30 euros) por el mismo trabajo, y encima bien pagado. Pero el servicio postal es solo la punta del iceberg.
El dilema de la confianza: garantía frente a precio
Correos ofrece un servicio certificado: tiras el flyer y sabes que acaba en el buzón. Pero su coste echa atrás a muchos pequeños negocios. La alternativa low cost pasa por contratar a trabajadores informales, a menudo inmigrantes, por la mitad de precio. Eso sí, con el riesgo de que a mitad de calle se cansen y den el trabajo por terminado. Algunas empresas exigen fotos como prueba, pero no es oro todo lo que reluce.
El rechazo del receptor: la otra cara del buzoneo
La publicidad no deseada genera hostilidad. Un antiguo repartidor relata cómo, en los 90, soportó amenazas e insultos constantes. Hoy, muchos vecinos confiesan triturar los flyers sin mirarlos o meterlos en otro buzón. El mensaje es claro: el buzoneo puede ser un tiro al agua si el público está vacunado.
Alternativas: ¿más por menos?
Desde el farolismo (dejar los flyers en portales) hasta la sugerencia de alquilar un helicóptero, las ocurrencias no faltan. Pero lo real es que plataformas como Buzoneo Barato prometen precios ajustados y profesionalidad. Otra opción, claro, es invertir ese dinero en publicidad digital, donde al menos sabes a quién le llega el mensaje.
Al final, el mayor riesgo del buzoneo no es el coste, sino que el receptor convierta tu flyer en un avión de papel. Y luego dicen que el marketing offline está muerto.