El discurso de la mediocridad femenina: un mito sin datos
En 2024, la ciencia y la economía descartan la idea de que las mujeres sean inherentemente menos capaces. Sin embargo, en ciertos espacios digitales resurge un relato que atribuye el menor número de mujeres en puestos de liderazgo o en la creación de grandes empresas a una supuesta inferioridad. Este argumento suele ir acompañado de distorsiones históricas, como la acusación de que Marie Curie no merecía sus premios, una narrativa que la historiografía desmiente.
La falacia de la «libertad total»
Quienes defienden la tesis de la mediocridad afirman que las mujeres llevan «60 años de libertad total» y no han logrado igualar a los hombres en innovación o creación de empresas. Pero ignoran que la igualdad formal no ha eliminado barreras estructurales: brecha salarial, menor acceso a capital de riesgo, sesgos en la evaluación de proyectos y la doble jornada laboral. Los datos del INE y del Global Entrepreneurship Monitor muestran que la tasa de emprendimiento femenino es menor, pero no por falta de capacidad, sino por obstáculos sistémicos.
El caso Marie Curie: desinformación calculada
Uno de los ataques recurrentes es desacreditar a Marie Curie, acusándola de apropiarse del trabajo de su marido. La realidad histórica es que Pierre Curie fue un colaborador, pero los descubrimientos fundamentales de Marie –la teoría de la radiactividad, el aislamiento del polonio y el radio– están documentados en sus cuadernos de laboratorio y fueron reconocidos por la Academia de Ciencias sueca. La insistencia en esta distorsión revela más sobre la agenda de sus difusores que sobre la ciencia.
Un debate sin evidencia
No existe ningún estudio riguroso que demuestre que las mujeres sean «más mediocres» en términos creativos o empresariales. Por el contrario, la investigación en psicología diferencial muestra que las diferencias medias en habilidades cognitivas son pequeñas o inexistentes, y que la varianza dentro de cada sexo es mayor que entre sexos. La pregunta que queda abierta es: ¿por qué persiste este discurso a pesar de la evidencia?