Ojos azules, Mendel y la «paguica»: el hilo se parte en dos
Un forero pega dos enlaces sobre ojos azules y el hilo se va de madre. Entre el
3 y el 4 de octubre se acumulan cerca de
40 mensajes que saltan de la genética del iris a la prestación por la que dice vivir un ingeniero, y de ahí a un juicio que uno de los participantes asegura haber seguido a diario.
Qué se ha sabido
Los enlaces son dos, y además van pegadas dos imágenes. Uno lleva a
curiosidades sobre los ojos azules y el otro a una pieza del mismo tipo. Los acompaña una lista: las personas rubias y de ojos azules tienen
menos melanina, más sensibilidad a la luz y más riesgo de daño en la retina con los años. Lo firma un participante que lo presenta como «un hecho».
La respuesta llega justo después y no discute la melanina: discute lo que se deduce de ella. «¿conoces las leyes de Mendel? En tres generaciones habría de todo», escribe otro. Añade que los hispanoamericanos son mezcla, más si cabe que los españoles.
Luego hay un salto de registro. Un participante recuerda una telenovela clásica y a su protagonista, con sorna. Otro dice que él no sale de casa: del monte y del río.
En paralelo, alguien asegura ser ingeniero y cobrar «la paguica». Le preguntan si es ingeniero «de verdac» y qué ingeniería cursó. Contesta que no necesita acampar en Sol: con la prestación le llega. Y un tercero lanza: «¿Son los ingenieros lisensiados? Pues eso».
Del juicio se habla largo. Quien dice haberlo seguido a diario sostiene que la familia de él presionó para la boda y que él le sacaba
ocho años. Es su versión y así la cuenta; en el hilo no hay nada cerrado.
Dónde está la bronca
Aquí el hilo se parte en dos. Un lado usa la melanina como prueba de algo más grande; el otro contesta con Mendel. Ninguno de los dos trae encuesta, censo ni nada parecido: son dos opiniones chocando de frente, y la discusión se queda ahí.
Entra también el marco de la telenovela. Un participante dice que de eso iban «La dama de rosa» y las demás: la protagonista humilde que encuentra a un millonario. No lo cuenta como elogio del modelo.
La segunda bronca es la del reparto doméstico, ahora con casos concretos. Una parte sostiene que las mujeres latinoamericanas aceptan un rol tradicional que las españolas no están dispuestas a aceptar. La réplica llega en forma de pregunta: «Una española no cocina? No limpia? Y quiere trabajar? A eso te refieres?». Quien pregunta dice conocer a una sola española soltera y a varias ucranianas casadas con ucranianos, rusos o alemanes.
La tercera es el dinero. Alguien suelta que este ingeniero seguiría trabajando si se hubiera casado con una española. El aludido responde desde la prestación, sin dar la carrera.
Y la cuarta, la muestra. Un participante asegura ver muchas más parejas de español con latinoamericana que al revés, y lo llama cosa de una «burbuja sexual». Otro le contesta que a las españolas con migrantes solo las ve en el extrarradio y que no sabe dónde vive la gente que afirma lo contrario. Un tercero zanja que él no baja del monte. La cuenta no cuadra entre ellos y nadie la cuadra.
De fondo, la pelea por la palabra: uno pide inventar un término nuevo para estas uniones; otro contesta que ya está inventado.
Qué cambia respecto a antes
El centro de gravedad se mueve. Se habla menos de impresiones generales y más de cuatro cosas concretas: el iris, la prestación, el reparto de tareas y un juicio abierto. Entra un dato de salud, la sensibilidad al sol de quien tiene ojos claros, y entra su refutación genética, que hasta ahora no había salido en el hilo.
Cambia también quién habla de qué. Por primera vez alguien dice ser ingeniero y cobrar la prestación, y la pregunta por el título se convierte en el eje de la pulla: sin título acreditado, el argumento se queda a medias.
Y se cuela un tema que antes no estaba: la ayuda como forma de vida. Nadie discute la cuantía; se discute si quien la cobra puede dar lecciones de nada.
La duda sobre la muestra sigue sin resolverse y ahora tiene más gente dentro: los que ven parejas por todas partes y los que dicen que eso es el extrarradio y nada más.
El ingeniero que dice cobrar la prestación
Es el intercambio más seguido del tramo. Él se presenta como ingeniero y dice vivir de la ayuda. Le preguntan si lo es de verdad y qué carrera hizo. No contesta a la carrera; contesta que con la ayuda le basta. El hilo se divide entre los que piden papeles y los que se quedan con la pulla.