Cada vez más españolas solteras: el desfase académico y económico que nadie quiere ver
En España, solo el 43% de las mujeres de 30 a 34 años vive con su pareja, frente al 32% de los hombres. Son las cifras más bajas en medio siglo, según datos de Funcas y el INE. Mientras tanto, los hogares unipersonales se han triplicado: de 1,5 millones en 1991 a más de 5 millones hoy, más de la mitad ocupados por mujeres. La Cadena SER lo atribuye a que los hombres se han quedado atrás en nivel académico y económico. ¿Es tan simple o hay más capas?
Los números que sostienen la tesis
Los datos no mienten: la brecha educativa es real. Las mujeres españolas menores de 35 años tienen tasas de titulación universitaria significativamente más altas que los hombres. En paralelo, el mercado laboral premia esos títulos, aunque con salarios aún desiguales en el conjunto. El artículo de la SER señala que esa asimetría reduce el pool de hombres con ingresos iguales o superiores, lo que lleva a muchas mujeres a optar por la soltería. La evolución es clara: en 1970, el 85% de las mujeres vivía en pareja; ahora apenas la mitad.
Las explicaciones alternativas: hipergamia, lookismo y estado
Una corriente de análisis sostiene que el problema no es solo académico, sino de expectativas. La hipergamia femenina —la tendencia a buscar pareja de estatus igual o superior— sigue vigente incluso cuando las mujeres ya tienen ingresos propios. Esto estrecha el embudo. A esto se suma el llamado 'lookismo': en el mercado laboral y de citas, el hombre promedio es penalizado por su físico más que la mujer promedio. Las aplicaciones de citas han exacerbado la competencia, dejando fuera a quienes no cumplen cánones estéticos. Finalmente, el papel del estado es cuestionado: las políticas de igualdad y el empleo público (donde abundan las mujeres) han facilitado la independencia femenina, pero también han contribuido a desincentivar la formación de parejas tradicionales.
¿Crisis de pareja o crisis de expectativas?
El debate revela una paradoja: mientras se repite el mantra de la brecha salarial, los datos muestran que las mujeres jóvenes ya ganan más que los hombres en muchos segmentos. Si la brecha se invierte, ¿dónde queda el discurso? Algunos ven aquí una contradicción deliberada, otros una evolución natural. Lo cierto es que la soltería crece en ambos sexos, pero las consecuencias son distintas: los hombres solteros son invisibles, mientras que la soltería femenina se convierte en noticia. La pregunta que queda en el aire es si la solución pasa por igualar el nivel educativo de los hombres —algo que parece improbable a corto plazo— o por replantear las expectativas sociales sobre la pareja.
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