Prohibir beber a los hombres: la ocurrencia vasca contra las agresiones
La última propuesta llega de un diario de la izquierda abertzale: prohibir el consumo de alcohol a los varones como receta para frenar las agresiones sexuales. La idea, puesta sobre la mesa esta semana, ha desatado un debate que mezcla economía, igualdad y un punto de sorna. Más allá de la polémica, conviene analizar qué implica una medida así en un territorio donde la hostelería es un pilar de la economía vasca.
El coste de un veto que discrimina por sexo
El razonamiento de partida suena simple: si el alcohol está detrás de muchas agresiones, retirarlo de los hombres debería reducirlas. Pero la realidad es más tozuda. Prohibir la bebida a la mitad de la población no elimina la demanda: la desplaza. Y en Euskadi, desplazarla significa empujarla a los municipios limítrofes. Los bares de Miranda de Ebro, ya en Castilla y León, se frotan las manos ante la perspectiva de un trasvase de clientes que cruzarían la muga para tomarse lo que en casa sería delito.
El impacto económico no se queda en las fronteras. La cultura del txikiteo, el kalimotxo, el txakoli y la sidra no es un capricho: es un sector productivo con bodegas, sidrerías y el vino de Rioja de por medio. Un veto selectivo golpearía a toda esa cadena, sin que exista ningún cálculo oficial sobre cuánto perdería la región en recaudación y empleo. Nadie lo ha hecho; quizá porque la intuición dice que el número sería elevado.
Una propuesta que choca con la igualdad y con la evidencia
Jurídicamente, la medida es un coladero. Prohibir un comportamiento a un solo género vulnera el principio de igualdad, y cualquier abogado laboralista sabría desmontarla en dos minutos. Pero el problema de fondo es conceptual: ninguna de las evidencias citadas vincula de forma directa el alcohol con las agresiones. Se ha señalado incluso que muchos agresores no beben, y que en sociedades donde el alcohol está restringido por motivos confesionales, la violencia sexual no desaparece.
Lo que sí genera el debate es una deriva curiosa: la izquierda que defiende la libertad individual acaba proponiendo un veto con ecos de inquisición. Algunos lo ven como una convergencia con el puritanismo religioso; otros, simplemente, como un brindis al sol electoral.
La Ley Seca, el precedente que nadie quiere recordar
La historia ya probó el camino de prohibir el alcohol y el resultado se llama Ley Seca: mercado negro, corrupción y criminalidad. Sin atacar las causas sociales de la violencia, la receta del “que no beban” solo cambia el escenario. Y en el caso vasco, cambia el escenario a municipios como Miranda de Ebro, que ya sueñan con el negocio del siglo.
Mientras el diario abertzale redondea su propuesta, nadie ha medido el coste de todo esto. Quizá sea el dato que descoloca: con perdón por la ironía, van a necesitar una ronda para digerirlo.